Si se estableciera una figura del arrepentido político, seguramente el segundo lugar en el mundo en que se pondría en práctica sería en Gran Bretaña. Al menos en ese sentido se expresaron ayer más de dos millones de ciudadanos del Reino Unido que juntaron aceleradamente firmas para volver a votar en el referéndum que el jueves aprobó abandonar la Unión Europea. Las redes sociales estuvieron al rojo vivo con el hashtag Begret, una mezcla entre regret (arrepentimiento) y Britain, análogo al Brexit que finalmente triunfó por muy poco en la consulta popular.
Justamente el eje de la petición al Parlamento se basa en que una decisión de tal magnitud debe tener un mayor consenso. Es que los partidarios del “aislamiento” obtuvieron casi un 52% de aprobación, contra un 48% que querían quedarse, un margen demasiado estrecho que ahora pretende ser revisado. La propuesta –con 100 mil firmas alcanza para ingresar una propuesta a las cámaras– sería que la nueva consulta debería contar con más del 60% de votos favorables y más del 75% de participación. El jueves la asistencia fue récord, pero no llegó al 73% del electorado.
Este planteo no es nuevo, ya que figuraba online desde mayo, pero el número de firmas creció exponencialmente al saberse el resultado del 23J. El dato, que puso al mundo en vilo por las consecuencias políticas y económicas, llevó a que la líder nacionalista escocesa evaluara la necesidad de ir a una nueva consulta independentista en virtud de que en esa región el Si a la permanencia en la UE superó el 62%, mientras que Irlanda del Norte el voto por la continuidad fue de 56 por ciento. En Londres, cerca de 150 mil personas firmarán un petitorio al flamante alcalde Sadiq Khan para que declare a la capital independiente de Gran Bretaña y pida el ingreso a la UE. También el voto londinense fue masivo por la integración, con un claro 75 por ciento.
El análisis del voto deja ver que el Brexit golpea tanto al renunciante primer ministro David Cameron y al ala que le es afín dentro del partido conservador como a Jeremy Corbyn el jefe del laborismo. Es que en las zonas tradicionalmente industriales del país el rechazo a la Unión Europea fue decisivo para torcer la voluntad del resto.
Entre las razones que ahora buscan los analistas está en primer lugar la política de ajuste perpetuo que Bruselas viene imponiendo a sus socios con mayor rigor desde que estalló la crisis financiera de 2008. Los recortes afectan especialmente a la clase trabajadora y la oferta de la dirigencia política no estuvo a la altura del reclamo.
Los sectores más proclives a la UE, por otro lado, no pudieron defender las virtudes de formar parte de ese selecto club a partir de la humillación a que la troika le hizo al premier griego Alexis Tsipras para obligarlo a aceptar recortes presupuestarios que sus votantes resistían.
Paralelamente, la falta de perspectivas para los que menos tienen hizo crecer al Partido Independentista del Reino Unido (UKIP), que acusa a los inmigrantes de “venir a competir” por los mismos trabajos que los más pobres dentro del espectro laboral británico. Fue por eso que Nigel Farange, el líder de UKIP celebró el 23J como el día de la independencia británica.
¿Qué pasara en los próximos días? La normativa dice que hay dos años de plazo para dejar la UE. Todo puede suceder. En 2005 Francia y Holanda votaron No a la Constitución de la UE. La reglamentación decía que debería ser aprobada por todos los ciudadanos del continente pero galos y nerlandeses rechazaron la Carta Magna continental. Hubo que barajar y dar de nuevo, y la dirigencia decidió entonces imponer las mismas leyes pero a través del Tratado de Lisboa, dos años más tarde.
El método de soslayar la voluntad popular, que sirvió para seguir consolidando el modelo europeo en aquel 2007 y que pretendió clausurar la crisis generada por los griegos siete años más tarde, ahora se termina estrellando del otro lado del Canal de la Mancha. Y deja un tendal de amenazas para la unidad tanto de la vieja Europa como de la Rubia Albión.
Tiempo Argentino
Junio 26 de 2016