La CGT de Córdoba protagonizó el 19 de octubre la primera huelga contra el gobierno de Mauricio Macri, en la provincia donde el presidente logró su mayor caudal de votos y que le resultó clave para ganar el balotage hace un año. Mientras tanto, el triunvirato que dirige la CGT nacional hace malabares para explicar ante las bases los alcances del anunciado bono de 2000 pesos destinado a equiparar la caída salarial producida por la devaluación del peso.
Las dos CTA, en tanto, tuvieron que bajar las expectativas de un paro general por la falta de apoyos en gremios disconformes con la pasividad de las cúpulas sindicales pero que no quieren “sacar los pies del plato”. Los empresarios, a su turno, alertan sobre las dificultades para hacer frente al próximo aguinaldo. Ni qué decir sobre el bono en cuestión, a pesar de estudios privados determinaron que la compensación debería rondar los 12000 pesos.
La central gremial cordobesa fue la regional que más rechazo mostró a los acuerdos que habían establecido los popes de la CGT unificada con el ministerio de Trabajo. El descontento en el interior no es solo por la baja en el poder adquisitivo sino por la pérdida de empleos y las suspensiones recurrentes en territorios donde hace un año la situación no era cómoda pero tampoco era un desastre.
Sucede que la realidad cordobesa tiene sus bemoles. La diferencia de un millón de votos en esa provincia fue el fiel que inclinó definitivamente la balanza en el 2015. Era un territorio que gobiernan las huestes de José Manuel de la Sota, un peronista que no tenía la mejor relación con la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y tejió una alianza con Sergio Massa de cara a ser el reemplazo en el justicialismo a nivel federal.
José Pihén, el líder de la CGT mediterránea, titular del Sindicato de Empleados Provinciales, está vinculado al delasotismo, que lo llevó como legislador en el partido Unión por Córdoba. El momento actual en su territorio es dramático, con cierres y suspensiones en las principales industrias, lo que coloca al gobierno en un atolladero social de consecuencias impredecibles si se tiene en cuenta la historia provincial de ser el inicio de grandes cambios de rumbo en el país.
El planteo de la CGT-Córdoba surge en el mismo momento en que De la Sota se tomó un “impasse” en España y desde allí lanzó dardos contra la gestión de Macri. “El Gobierno nacional no tiene imaginación para reducir la pobreza”, dijo en declaraciones al diario El País, de Madrid. Salió a aclarar luego que con Massa está todo bien y que con el gobernador Juan Schiaretti también. Pero plantó bandera de cada al 2017
Es claro que el voto a Macri en Córdoba fue un voto contra el kirchnerismo que ahora muestra sus fisuras en ese distrito agobiado por las medidas que impulsó la Casa Rosada y que repercuten en un entramado como el cordobés, donde se une un aparato industrial importante con un sector agropecuario de fuste en explotaciones super tecnificadas.
Bancar el proyecto
El presidente Macri, en tanto, volvió a reclamarle al sector empresario un mayor compromiso con su proyecto. Fue en un encuentro del Consejo Interamericano de Comercio y Producción en el que pidió apoyar su pelea contra el populismo y reclamó a los patrones que “se rompan al traste” para “sacar el país adelante”.
Las últimas cifras de empleo no son alentadoras: solo en setiembre hubo 1554 despidos y 3532 suspensiones, según cifras del Centro de Economía Política Argentina (CEPA). El 85 % corresponde a las industrias textil, alimentación, petrolera y automotriz. A lo largo del año esa entidad registró 213 166 despidos y suspensiones, la mayor reducción desde la crisis de 2001, indica.
En este marco, la solución del bono, que en los papeles serviría para calmar las aguas de quienes reclaman la reapertura de las paritarias, se convirtió en un motivo de mayor disputa. El bono no obligatorio y en muchos sectores -ya sea por la crisis de consumo o por argucia empresarial- ya anunciaron que o lo pagarán en cuotas o directamente no lo pagarán.
Los firmantes del acuerdo con el convenio tuvieron que salir a presionar para que las autoridades definan la obligatoriedad y amenazan con medidas de fuerza, algo que a esta altura suena difícil de conciliar.
Es que los gremios más combativos apostaban, luego de la masiva marcha del 29 de abril, a una huelga general acaudillada por la CGT para frenar la ola de despidos. Luego de haber bajado el nivel de la protesta y negociar con el ministro Jorge Triaca, el triunvirato cegetista quedó entrampado en un laberinto que lo deja un tanto descolocado para tomar ahora las armas.
Tanto Héctor Daer como Juan Carlos Schmidt decidieron mostrar los dientes, de todas maneras. “Los empresarios tienen que abrir la billetera y cumplir con lo que se ha pactado», dijo Schmidt. «Nosotros no aceptamos que se pague el bono en cuotas, eso nunca se discutió en la reunión de la Mesa del Diálogo», señaló Daer, tras reconocer que los trabajadores están peor que hace un año.
La interna cegetista
Las dos CTA, en tanto, se resignaron a una marcha para el 4 de noviembre. Las conversaciones para profundizar un paro entre las dos centrales y algunos gremios díscolos de la CGT naufragaron por el rechazo del bancario Sergio Palazzo y del camionero Pablo Moyano. Palazzo había programado un paro de su gremio para el 28 de octubre y de alguna manera no quería quedar pegado a una aventura que lo alejaba demasiado del triunvirato.
El bancario viene intentando gestar una suerte de réplica de lo que durante el menemismo fue el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA) que comandó Hugo Moyano contra el proyecto neoliberal que aceptaron “los gordos” de entonces. En ese bloque denominado Corriente Sindical Federal confluye la Federación Gráfica Bonaerense, sectores de judiciales, de Televisión, Pilotos de Líneas Aéreas y de educación privada. Reclaman una CGT no complaciente con el gobierno.
El hombre, proveniente de las filas radicales, tiene esxelente sintonía con los peronistas y reclama que el movimiento obrero recupere estrategias propias, de la mano de su propio plan político, y no que marche como furgón de cola de algún partido político o sea el ala trabajadora de un frente partidario. Hoy por hoy reclama gestar un programa con la base de lo que fueron aquellos históricos de Huerta Grande, La Falda, la CGT de los Argentinos, los 26 puntos de Ubaldini, o incluso el propio MTA en los 90
Por eso Palazzo entiende quye ir a una huelga general sin la CGT es una medida «no tiene el peso necesario para torcer la balanza». A Moyano, según se indica, lo “bajó” de la protesta su padre, actual presidente del club Independiente.
Otros sectores ligados a los estamentos tradicionales de la CGT como el taxista Omar VIviani y el rural Gerónimo Venegas –este último ultramacrista en esta etapa- también quedaron relegados de estas decisiones. El Momo Venegas porque para acordar con la CGT unificada el gobierno pasó por alto su “amistad” y ni lo habría consultado. Viviani, que nunca rompió con el kirchnerismo, reclamó en cambio a la dirigencia cegetista “reflexionar a conciencia sobre cuál es el mejor camino a adoptar» en un escenario que deja a la dirigencia “vapuleada de forma constante por la ausencia de rumbo».
La CTA, a su vez, enfrenta una situación complicada. Como gremio fundamentalmente de trabajadores estatales,no tiene a decir verdad demasiado poder de fuego si encara una lucha en soledad, pero esa misma debilidad la obliga a la unidad entre sus máximos exponentes, Hugo Yasky y Pablo Michelli.
Sigue siendo cierto que una huelga sin la CGT, como decía el bancario, es menos efectiva. El caso hasta cuándo será posible para los dirigentes de la calle Azopardo contener la protesta. Por ahora parece que también los trabajadores tendrán que romperse el traste en cada lugar de trabajo si quieren cobrar el bono.
Noviembre 1 de 2016