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La sorpresiva conversión del alcalde porteño Mauricio Macri, la misma noche en que por muy poco retuvo el Gobierno de la Ciudad -fue el 19 de julio, hace apenas tres meses y monedas- autoriza a algunas reflexiones de cara al balotaje, pero mucho más al debate de este domingo entre los dos aspirantes a la presidencia. En temas como la política exterior, que no asomaron como parte de las campañas.

Aquella noche, con el rostro casi desencajado porque en el conteo de votos en el búnker del Pro temieron haber perdido con Martín Lousteau, y ante la protesta de sus seguidores, Macri salió a defender algunos logros del gobierno kirchnerista. Habló de la Asignación Universal por Hijo, de la recuperación de YPF y Aerolíneas y de otras cuestiones muy sensibles a los oídos de quienes creen que el rol del Estado es fundamental para reducir la desigualdad.

Tras conocerse el no menos impactante resultado de la primera vuelta nacional, una rápida conclusión fue que prácticamente la totalidad del electorado había votado a opciones que -de creer en la sinceridad de las promesas del candidato de la alianza Cambiemos- coincidían con políticas que se desarrollaron durante estos 12 años. Si a la recta final llegaron Daniel Scioli y el propio Macri, puede decirse que las alternativas que se presentan -de la boca para afuera- serían las mismas.

Más aún, ese lunes aciago para el oficialismo, Macri confirmó que Scioli había llamado para felicitarlo y prometió que una vez que se calzara la banda celeste y blanca, «el 11 de diciembre quiero hablar con todos los candidatos a presidente para acordar políticas de Estado, también con los gobernadores (sic)». No fue muy preciso pero si mencionó una modificación en el sistema electoral, «la recuperación de las economías regionales, el fomento de una justicia independiente y una Argentina de pobreza cero».

Ya que está dispuesto a establecer políticas de Estado, ¿Por qué no aprovechar que los dos contendientes se verán las caras este domingo para firmar un documento que establezca esas políticas de Estado que la ciudadanía plebiscitó el 25 de octubre? Que quede rubricado ante esa audiencia que será sin dudas multitudinaria -qué mejores escribanos que los espectadores- el compromiso de que gane quien gane ese será un compromiso férreo que de no cumplirse la ciudadanía deberá exigir. Si ya hay consenso en una YPF y una aerolínea estatal, y se emiten señales desde el PRO de que la educación y la salud públicas, los planes sociales y el apoyo a la ciencia se van a mantener, debería ser apenas un trámite y entonces sí «que gane el más mejor». Todo esto va en consonancia con las promesas de concordia y felicidad que se pueden ver en los spots que atruenan los medios masivos, de modo que no se perciben excusas válidas para negarse.

Pero a ese histórico compromiso debería agregarse un rubro que se nota descuidado en las campañas. Tal vez porque no aparece como una preocupación en los «focus group» con que se diseñan las estrategias publicitarias. Sin embargo, mal que les pese a analistas apresurados, Argentina no vive dentro de una burbuja y lo que ocurre del otro lado de las fronteras influye de manera decisiva.

Se podrá discutir la pertinencia de políticas llevadas a cabo por el oficialismo en esta década larga, pero ignorar de qué modo la crisis internacional afectó a la economía local debería ser considerado casi como un delito grave. Sin embargo, las acusaciones que de unos años a esta parte recibe el gobierno nacional son directamente maliciosas. Porque cuando había crecimiento a tasas chinas hablaban de «viento a favor» para minimizar la eficacia de las políticas locales. ¿Ahora que hay viento en contra lo exterior no existe? Porque las cifras locales, siendo menos auspiciosas que en el primer tramo kirchnerista, no son todo lo que auguraban desde las usinas opositoras y ni siquiera son tan malas como las que muestra Brasil, el socio comercial más cercano y determinante para le economía nativa.

Revisando los programas

Dicho esto, hagamos un recorrido sobre el lugar en que está parado cada aspirante al sillón de Rivadavia. Scioli avisó con tiempo que apuesta a profundizar la integración regional. Para lo cual se reunió con Lula, con Dilma, con Evo Morales, con Tabaré Vázquez y con José Mujica. Lo dice y lo repite: la Argentina bajo su gobierno será una continuación de la gestión exterior de Cristina Fernández. Aunque sus voceros ya adelantaron que piensan al mismo tiempo estrechar lazos con Estados Unidos y la Unión Europea. Lazos que por otro lado no estaban rotos. Sucede que la Casa Rosada en estos años negoció duro con la UE por la firma de acuerdos comerciales y se plantó frente a Washington de un modo que otras administraciones no habían hecho en asuntos como Cuba, Venezuela, golpes en Paraguay y Honduras, Irán e incursiones bélicas estadounidenses en el mundo. Sólo basta recordar las relaciones carnales y el envío de buques para el primer bloqueo a Irak del menemismo y los votos a favor del bloqueo a Cuba con la Alianza para ver la diferencia. ¿Esto implica que las relaciones con Barack Obama están rotas? De ninguna manera, pero negociar es como comprar un auto usado, hay que doblar la apuesta hasta que se llega a algún precio razonable. La asociación de YPF con Chevron prueba que los empresarios no tienen dudas al respecto.

Por el lado de Macri, la falta de definiciones en este tramo se puede cubrir en abundancia con declaraciones previas a la campaña y por gestos bien claros y contundentes. En primer lugar, sus amigos son el Partido Popular español y especialmente el ex presidente del gobierno José María Aznar y el actual Mariano Rajoy. En la región, su amigo es Álvaro Uribe, ex presidente colombiano y principal opositor a la firma de un acuerdo con la guerrilla que ponga fin a más de medio siglo de una guerra civil que causó miles de muertos y millones de desplazados en medio siglo y que está a punto de culminar en La Habana con un pacto que dé nacimiento a una nueva Colombia. Por otro lado, un triunfo del PRO es esperado como una señal de nuevos rumbos para la derecha latinoamericana por Henrique Capriles en Venezuela, Aecio Neves en Brasil y toda la dirigencia que aspira a poner fin a estos años de integración.

Argentina no solo logró que la UN apruebe declaraciones por Malvinas y contra los fondos buitre sino que se convirtió en un referente sobre Derechos Humanos y sobre la necesidad de integrarse en nuevos espacios democráticos a nivel internacional. CFK reclamó en reiteradas ocasiones cambiar las reglas de juego en ese organismo creado para consolidar el poder de los ganadores de la Segunda Guerra Mundial. ¿Cambiemos también impulsaría cambios en la UN?

El mundo está en las vísperas de algo nuevo. Estados Unidos sigue siendo una potencia relevante, pero su poder viene declinando y nuevos jugadores se suman al escenario. Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS), están llamados a ser las potencias del siglo XXI y Argentina ya avisó que quiere estar en esa liga. Los voceros en política exterior del PRO repiten que con el triunfo de Macri llega la felicidad y aseguran que lo mismo ocurrirá en cuanto a las relaciones exteriores. Es más, sostienen que el país debe reinsertarse en el mundo. Una forma de ocultar que Argentina nunca estuvo afuera -en todo caso se abrió a rumbos no tradicionales- y que el mundo del que hablan es el de las viejas estructuras que, la realidad demuestra, vienen en caída. Es cierto que esa caída, como la del imperio romano, puede durar centurias y tal vez ni quien escribe ni quienes lean estas líneas la verán. Pero ¿no es que un estadista debe ver mas allá de la próxima elección?

Macri, como jefe de gobierno, no fue muy feliz con la comunidad boliviana y paraguaya cuando la toma del Indoamericano en 2010. Evo ya avisó que apoya a Scioli, Bolivia es el nuevo socio del Mercosur, ¿Qué plantea el PRO en relación con eso? ¿Qué haría con Brasil y Uruguay, que también eligen al candidato del FPV como garante de continuidad en política exterior? ¿Qué haría con los acuerdos con Rusia y con China? Su padre, sus empresas, tienen negocios con el gigante asiático, sabe que se puede ganar mucho con la relación, pero él mantuvo distancia y cuestionó esos convenios. Ahora Techint salió nuevamente a denostarlos, porque cree amenazados sus intereses particulares. ¿Lo que es bueno para Techint será bueno para los argentinos? Eso no sólo es economía, es política exterior y también es conveniencia a largo plazo ¿Macri estaría dispuesto a sostener estas políticas de Estado? Buena pregunta para el debate.

Tiempo Argentino

Noviembre 13 de 2015