Foto: Horacio Paone
Es uno de los máximos referentes de la Teología de la Liberación y fue muy cercano de Lula da Silva. En los ’60 ingresó a la orden de los dominicos al tiempo que fue parte de una organización guerrillera, un cóctel que lo llevó por más de cuatro años a la cárcel de la dictadura militar. Nacido Carlos Alberto Libânio Christo, es conocido como Frei Betto y es hoy uno de los más lúcidos intelectuales de la izquierda latinoamericana. En esta charla con Tiempo, también se muestra crítico de algunas semillas que plantó el PT en 13 años de gobierno que ahora germinaron en graves consecuencias para el progresismo brasileño y regional.
–¿Por qué Brasil está como está y el PT está como está?
–Hay varias razones. En primer lugar, el PT tuvo 13 años para hacer algunas reformas estructurales, sobre todo la reforma política, pero no la hizo y ahora es víctima de su omisión. Otro factor es que la corrupción es endémica en la historia de Brasil desde la llegada de los portugueses, y lamentablemente todas las estructuras políticas están muy contaminadas. Desde los años ’30, cuando se instauró el sufragio universal, y desde el año ’32 en que las mujeres también accedieron al voto, el pueblo vota pero el poder económico elige. El PT ha cometido el error de buscar los mismos métodos de la derecha, solo que la derecha es profesional en eso y el PT amateur. Es verdad que hay mucha gente ética allí y nada se ha probado hasta ahora contra Lula, pero algunos dirigentes están involucrados y el PT en algún momento va a tener que decir si esa gente es inocente o es culpable.
–¿Está hablando de alguien en especial? Pienso en el caso de José Dirceu, el exjefe del Gabinete Civil de Lula.
–En Dirceu, que está condenado, y en otros que están siendo investigados. No se puede negar que el PT utilizó la Caja 2 (para el pago de sobornos) y que hubo un aumento tremendo de patrimonios personales. Fidel me decía que un revolucionario puede perder todo, la libertad, la familia, el trabajo, hasta la vida, menos la moral. Y eso ha creado una situación de descrédito muy fuerte en el campo de izquierda, en el campo progresista. No va a ser fácil recuperar esto.
–¿Diría que este golpe es mortal contra las aspiraciones de un movimiento progresista?
–No totalmente, porque la derecha es tan mala en el gobierno y la situación económica también, y además Temer es un bandido comprobado ahora con todas las investigaciones que se hicieron con el frigorífico JBS, Lula sigue ocupando el primer lugar en las encuestas electorales. Tiene exactamente la mitad de apoyo, porque un 35% votaría directamente por él y el 15% que votaría en la segunda vuelta. Cierto que tiene 50% de rechazo, pero no hay hasta ahora ninguna otra figura brasileña que pueda superarlo en apoyo electoral.
–La única forma de evitar que gane sería llevarlo a la cárcel.
–No necesariamente, no creo que vayan a apresarlo, pero pueden involucrarlo en la ley electoral que impide ser candidato si está procesado. Yo creo que va más por ahí, para no crear una conmoción nacional.
–La pregunta es cómo se podría hacer la reforma electoral de la que hablaba antes cuando los que la deberían votar son beneficiarios del actual esquema electoral y están implicados en casos de corrupción.
–Ese es otro factor, porque no se trabajó también en un cambio de representación política. Evo Morales tuvo la inteligencia de valorar líderes populares que se volvieron diputados o senadores. En Brasil eso no se hizo. Se hicieron alianzas espurias con partidos de derecha. El único sector que trató de hacer una estrategia de ocupar sillas en el Congreso ha sido el de las iglesias evangélicas. Y así estamos pagando el precio también de este error que hemos cometido.
–¿Pecaron de inocentes?
–No, para nada fue inocencia. En un momento el PT cambió su proyecto de Brasil por el proyecto de poder, ese es el problema. Yo he trabajado eso en dos libros, La mosca azul y Calendario del poder, que es mi diario de dos años de trabajo con Lula en el Palacio del Planalto. Hubo un desvío ideológico, ya no estaban preocupados por cambiar estructuras y hacer una economía más favorable al pueblo. Se hizo un trabajo muy importante al sacar 40 millones de la miseria, pero el dinero que ha dado a los rentistas ha sido superior al que fue a los excluidos. Yo utilizo la imagen de que se agarró el violín con la izquierda pero toco con la derecha.
–La situación en América Latina es bastante dramática para los movimientos progresistas. ¿No teme que se esté generando un caldo de cultivo para el regreso de la lucha armada?
–No, estamos muy lejos de eso. La lucha armada interesa a dos sectores solamente, los fabricantes de armas y la extrema derecha. Hay muchas vías democráticas de lucha, no se justificaría una opción armada para cambiar las cosas, sería como mínimo una tontería. Primero, la izquierda tiene que tener vergüenza en la cara y volver al trabajo de base. Basta de consignas, de teorías, de análisis, de libros. Nadie quiere ir al pobre, al campesino, al obrero y hacer ese trabajo difícil, cansador, y estar ahí con la metodología enseñada por Paulo Freyre. El muro de Berlín tiró abajo la mitad de la izquierda del mundo, porque había toda una izquierda teórica más preocupada por llegar a funciones de poder que por liberar al pueblo. Yo tengo un libro, El Paraíso Perdido, viajes por el mundo socialista, son 33 años de trabajos en los países socialistas. Y he viajado a todos esos países soviéticos, a China, tuve mucho contacto con gente muy revolucionaria y yo me pregunto: ¿esa gente está luchando para volver al socialismo o se acomodó en el capitalismo y están satisfechos? La izquierda marxista no cristiana en América Latina no tenía contacto con el pueblo, era muy académica, y entró en crisis después de la caída del muro de Berlín.
–Pero en este momento hay otra izquierda que podría estar dentro del PT o de movimientos populares que también está en crisis por lo que ocurre en Argentina y Brasil.
–Está en crisis pero no hay que poner toda la culpa en el enemigo. Hay que hacer una autocrítica de los errores cometidos. En el caso de Brasil, nosotros estuvimos 13 años en el gobierno y no hicimos un trabajo de base, de alfabetización política. Si hicimos un trabajo de facilitar al pueblo a los artículos de consumo, hicimos mucho más una nación de consumistas que de ciudadanos protagonistas políticos y ahora estamos pagando el precio de las semillas que hemos plantado.
–¿Usted planteó eso a la dirigencia del partido?
–Desde 2004, y lo escribí en libros y tantos artículos, pero lamentablemente el PT aún no hizo una autocrítica. No se posicionó delante de sus militantes que están en la cárcel. Va a tener que decir si esta gente es inocente o es culpable. Si hay que defenderlos o no, porque no se puede barrer debajo de la alfombra.
Discípulo de un preso político
-¿Cómo ve el rol que está cumpliendo el papa?
-El papa Francisco está plenamente identificado con las tres T de la Teología de la Liberación, trabajo techo y tierra. No hay otro papa que haya hecho tantas críticas y tan profundas al capitalismo como él, pero no usa la palabra capitalismo. Tampoco ninguno estuvo tan cerca de la Teología de la Liberación sin usar esas palabras. Por eso su propuesta crea mucha irritación tanto dentro como fuera de la iglesia. Hay cardenales que no tienen ningún pudor en decir que es comunista, que desvía la doctrina católica. Eso es bueno para nosotros, que no estamos tan solos como durante mucho tiempo.
-La Teología de la Liberación logró unir religión con revolución ¿Usted diría que ese debate está concluido para la izquierda?
–No se puede tener prejuicio hacia una manifestación sociológica como la política, la religión, la institución familiar. Hay que analizar en qué medida sirve o no a la opresión. En América Latina eso tiene un valor ontológico para el pueblo. Si tú le preguntas a un campesino de Colombia, Brasil, Argentina, cómo es que mira al mundo, la respuesta seguramente será en categorías religiosas. En América Latina la puerta de la razón es el corazón y la llave del corazón es la fe. La gente se mueve por la fe. Mucha gente me pregunta por qué me metí en política, y es porque soy discípulo de un preso político. Que yo sepa Jesús no murió ni de hepatitis en la cama ni en un choque de camellos en una esquina de Jerusalén. Fue preso, juzgado y torturado por dos poderes políticos, el romano y el judaico, y condenado a la pena de muerte que era la cruz. Si era un hombre tan espiritual, tan bueno, tan santo, ¿por qué lo mataron? Pues porque hizo una predicación política, hablaba de otro mundo posible y por eso la gente de derecha nos mira como comunistas, terroristas. Jesús no venía a fundar una religión sino un nuevo modelo de sociedad basado en dos principios: el amor en las relaciones personales y compartir los bienes en las relaciones sociales. El cristianismo en su origen no es una religión sino un nuevo proyecto civilizatorio. La religión es como la política, sirve para oprimir o sirve para liberar.
Tiempo Argentino
Junio 4 de 2017