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Las formas y el fondo

Las formas y el fondo

El próximo viernes, Javier Milei debería asistir en Montevideo a la cumbre del Mercosur en que sería ser ungido presidente pro témpore de ese espacio común sudamericano que cumplió 33 años. El bloque es una construcción de las entonces recién recuperadas democracias sudamericanas, cuando el 30 de noviembre de 1985 Raúl Alfonsín y José Sarney firmaron el Acta de Foz de Iguazú. El inicio de esta nota está deliberadamente redactado en condicional: en un contexto normal, el modo verbal debería ser el indicativo, pero a esta altura de la gestión del paleolibertario cualquier cosa podría ocurrir.

Por ejemplo, en la cumbre en Asunción de julio pasado, la entonces canciller Diana Mondino representó a Milei porque él había preferido un encuentro de la ultraderechista Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) en Camboriu, Brasil, en la que se vio con Jair Bolsonaro y aprovechó para no estrecharle la mano, esa vez, al presidente Lula da Sliva, al que había acusado de «corrupto y comunista». Lo terminó saludando en Río de Janeiro en el encuentro del G20, al que fue luego de haberse entrevistado en Buenos Aires con Emmanuel Macron. ¿El francés lo convenció de no dejarse llevar por un capricho otra vez?

Por lo que dejaron trascender fuentes presidenciales, en la capital uruguaya el mandatario argentino piensa plantear a los socios regionales la apertura a tratados de libre comercio o, de no encontrar eco, amenaza con salirse del Mercosur. Lo que implicaría darle un tiro debajo de la línea de flotación a esa entidad que inauguraron en marzo de 1991 su referente neoliberal, Carlos Menem, junto con Luis Lacalle Herrera –padre del actual presidente uruguayo–, Andrés Rodríguez por Paraguay y Fernando Collor de Melo por Brasil.

Distancia. Saludo meramente protocolar de Lula Da Silva al recibir al presidente argentino en Río.

Foto: G20

En Montevideo Milei abundaría –condicional– en sus propuestas neoliberales extremas, como lo suele hacer cada vez que hay un micrófono cerca. Lo hizo en Davos en enero, en la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre, y en la reunión de la CPAC en Mar-a-Lago, la residencia de Donald Trump, hasta que le cortaron la transmisión, hace 15 días. En el G20, en cambio, sus ideas fueron interpeladas por el colombiano Gustavo Petro y el chileno Gabriel Boric, lo que generó profundas rabietas, que en el fondo serían las «razones de Estado» del Gobierno en política exterior. 

Tanto el vocero presidencial, Manual Adorni, como los referentes mediáticos que acompañan al Gobierno, negaron un feroz intercambio con Petro, con quien tiene viejas disputas alimentadas desde este lado del Plata. El entuerto en Río de Janeiro se descargó en el Vaticano contra el Gobierno de Boric y otro líder de fuste al que tampoco ha ahorrado diatribas hasta no hace tanto: el papa Francisco.

El sumo pontífice había organizado una celebración por los 40 años del acuerdo de límites firmado con Chile. La ocasión daba para el festejo. El 2 de mayo de 1977 la reina Isabel II emitió el Laudo Arbitral elaborado por cinco jueces de la Corte Internacional de Justicia sobre la soberanía del canal de Beagle y las islas Picton, Nueva y Lennox. El resultado adverso a Argentina estuvo a punto de desencadenar una guerra entre las dictaduras de Jorge Videla y Augusto Pinochet. Un conflicto que pudo ser frenado a tiempo por la tarea conciliadora del cardenal Antonio Samoré, enviado por Juan Pablo II.

A la convocatoria de Francisco fue el canciller chileno, Alberto van Klaveren, y estaba armando las valijas su par argentino, Gerardo Werthein, pero a último momento Milei le ordenó quedarse. Fue solo Luis Beltramino, el embajador argentino ante la Santa Sede. A diferencia del polaco Karol Wojtila, que vino a Buenos Aires en 1982 para otra de las batallas con la que los dictadores pensaban perpetuarse, Malvinas, ahora Jorge Bergoglio difícilmente venga a su patria, en señal del disgusto que le causó ese desaire.

Desplante semejante tuvieron el presidente y su ministro de Economía, Luis Caputo, ante la 30ª Conferencia de la UIA del martes pasado. Los industriales, que ahora sí ven que las políticas de libremercado los afectan directamente, habían girado las invitaciones correspondientes y todos alegaron problemas de agenda. Según Marcelo Bonelli, en Clarín, Federico Sturzenegger se ofreció a ir, pero el presidente se lo habría prohibido. El Gobierno tiene un planteo con la industria que no difiere del de la dictadura y el menemismo. Un debate que vuelve y en el que vale la pena seguir este hilo de tuits de Daniel Schteingart, sociólogo y curador de la ONG Argendata.

El triunfo de Donald Trump en Estados Unidos alentó las ínfulas presidenciales de liderar un espacio ultraderechista, mientras en Brasil su colega en esas lides, Jair Bolsonaro, aparece cada vez más implicado en el intento de golpe y magnicidio contra Lula da Silva. 

«Argentina será un jugador estratégico en la región por la relación entre Trump y Milei», dijo claramente en el Canal E la CEO de la CPAC de Argentina, Soledad Cedro. El jefe del Ejecutivo argentino será el orador principal en la cumbre de esa organización en el hotel Hilton de Buenos Aires que se llevará a cabo dos días antes de la reunión del Mercosur.

Milei hubiera estado más acompañado en Montevideo con un triunfo de la coalición de la centroderecha armada tras la primera vuelta. Pero ganó el Frente Amplio con Yamandú Orsi a la cabeza, acompañado como vicepresidenta por Carolina Cosse. Del MPP –heredero de Tupamaros– él, del Partido Comunista ella. Un resultado que despertó la provocación módica del subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez. 

Por denuestos, insultos, improperios y banalidades semejantes la Argentina de Milei preocupa en el mundo y a los argentinos que, si no la veían, ya la están viendo. El exalcalde porteño, Horacio Rodríguez Larreta, se animó a cuestionar las formas en que el presidente se expresa y armó un texto que presentó en las redes con la lista de insultos proferidos bajo la banda presidencial. 

No será mucho, pero es de los pocos dirigentes de lo que fuera Juntos por el Cambio que no ensayan justificaciones benévolas para el hálito de violencia que emanan las palabras oficiales. La respuesta del entorno presidencial fue, dentro de todo, menos irascible de lo acostumbrado, aunque tiene un tono arrogante que ya es un sello de fábrica. «Resulta absolutamente intrascendente el análisis que pueda hacer», dijo Adorni. «Según las últimas elecciones PASO, el precandidato a presidente, porque nunca llegó a ser candidato, se quedó en la precandidatura, sacó un 10% de los votos. Así que 9 de cada 10 argentinos no cree en lo que dice».

Revista Acción, 2 de Diciembre de 2024

Detrás de una renuncia anunciada

Detrás de una renuncia anunciada

Que Diana Mondino tenía las horas contadas en el ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto era vox populi desde hace semanas. Es que en estos diez meses en el cargo ya había demostrado que el traje le quedaba demasiado grande. Quedarán para su CV los desaguisados con la posición argentina en el tema Malvinas, y la frase que definía que «todos los chinos son iguales». Aunque es cierto que tuvo que hamacarse para rehacer vínculos tras los improperios de su presidente con los mandatarios de España, Colombia, México, Brasil y, sobre todo, de China. Pero de alguna manera, mientras iba aprendiendo que las relaciones internacionales tienen sus ritos, se iba colmando el fichero en la interna del oficialismo para esta economista cordobesa de tono despectivo y aires de suficiencia. De tal manera que su ignominiosa expulsión tuvo un giro de comedia difícil de explicar, si es que valiera la pena hacerlo.

En definitiva, Mondino se tuvo que ir luego de que el país hubiera votado de acuerdo con la tradición diplomática de la democracia argentina y a los mejores intereses nacionales: en contra del bloqueo a Cuba en la Asamblea de las Naciones Unidas, junto a otros 187 países de la tierra, sin acompañar a los dos aliados a los que Milei espera soldarse de manera incondicional, Estados Unidos e Israel. Para decirlo de una manera más clara, Argentina tenía dos opciones, sumarse a la abrumadora mayoría o aislarse del mundo.
Javier Milei ya había lanzado una amenaza para que quienes en la Cancillería no estuvieran de acuerdo con su agenda ultraderechista se fueran de La Casa. La excusa del voto por Cuba le habilitó ahora una caza de brujas que haría sonrojar al exsenador estadounidense Joseph McCarthy y le dio vía libre al presidente para exagerar un alineamiento geopolítico fuera de tiempo. A favor de Cuba votaron todos los países de la OTAN, por señalar algo, y Ucrania estuvo ausente a la hora de apretar la botonera.

Destrucción masiva
Cuando se hurga sobre estos últimos gestos presidenciales, este hecho debería interpretarse como una maniobra orquestada para poner en marcha una nueva etapa de la destrucción del Estado de la que se ufana Milei, orgulloso de ser «un topo que se infiltró en las filas enemigas».

Y verdaderamente esa sensación de que todo lo argentino le resulta ajeno se manifiesta en cada paso que fue dando desde la Casa Rosada. En esto, habrá que decir, Mondino acompañó puntillosamente. Como en la «agenda Malvinas», un tema que se hunde dramáticamente en la historia argentina y que condicionó de modo definitivo el fin de la dictadura cívico-militar. Esto incluye la denominación de «Falklands/Malvinas» al archipiélago en un documento oficial, un dislate respondido con una calculada furia tanto de la ahora excanciller como del ministro de Defensa, Luis Petri, quienes culparon genéricamente a «un izquierdista» dentro de la burocracia estatal contra el que juraron los peores castigos, pero que a ocho días del hecho no fue hallado.

Los gestos rayanos con la sumisión ante la jefa del Comando Sur de Estados Unidos, Laura Richardson, la renuncia a integrar el grupo Brics, la promesa de llevar a Jerusalén la embajada argentina en Israel, el discurso del primer mandatario en la apertura de la Asamblea General de la ONU, fueron otros mensajes de cuál es la «agenda presidencial».

Lo que la gestión de La Libertad Avanza pretende es, desde ese espacio reducido dentro del espectro político nacional, diseñar políticas que consoliden un posicionamiento internacional del que cueste alejarse, aun con otro Gobierno. El primer paso fue «marcarle la cancha» a Mondino con una abogada especializada en temas de Familia, Úrsula Basset; un secretario de Culto y Civilización, Nahuel Sotelo; y el embajador en Estados Unidos, Gerardo Wherthein, una de las fortunas más grandes del país y ahora su reemplazante en el puesto.

Otros tiempos. El nuevo canciller, Gerardo Wherthein, con Milei y Mondino en diciembre del año pasado.

Foto: NA

Ideologías adecuadas
Lo que ocurrió con ese pase de comedia fue ampliamente desmenuzado en los medios de comunicación amigos y no tanto del Gobierno. Desde la hipótesis de una presunta «cama» a Modino para sacarla del medio, hasta alguna rebelión tras bambalinas luego de las primeras amenazas de «limpieza ideológica» en esa dependencia. El que apretó la botonera, el representante argentino, Ricardo Lagorio, ya había sido reemplazado pero conservaba su titularidad hasta este 1º de noviembre. La ONU tiene sus reglas que no puede cambiar el capricho de un país de segundo orden como el que encabeza ahora Milei.

Mientras tanto, el Gobierno dobló la apuesta y anunció una auditoría para revisar la ideología de cada miembro de la diplomacia vernácula, una suerte de Tribunal del Santo Oficio que preocupa al interior de ese organismo pero debería interpelar mucho más a la dirigencia política, que pareció anestesiada ante estos anuncios.

Mucho más alarmante es que todas estas operaciones se hacen a la vista del público y hasta reciben el apoyo de comunicadores sociales, sin fisuras. El caso de Luis Majul se entiende, porque es accionista de El Observador, propiedad de Werthein y Gabriel Hochbaum; el de otros no.

Daniel Parisini, conocido como tuitero con el apelativo Gordo Dan, señalado como el jefe de una banda de trols que apoyan al Gobierno, dice más claramente que nadie de qué viene la cosa. En este caso, desde su canal de streaming Carajo, este gran inquisidor paleolibertario dijo sobre el affaire Mondino. «Hay gente que no se ha terminado de barrer», para agregar «hay que poner a los propios». Entre los propios están amigos, parientes, que «vos sabes que están con la ideología adecuada». 

Mondino, a todo esto, agachó la cabeza, envió un extenso mensaje en su cuenta de X y se ofreció para lo que haga falta. 

El Gobierno, mientras tanto, continuó con su programa de desguace nacional. Y como en la era Menem, Aerolíneas Argentinas es un símbolo. Ahora, muchos de los mismos que aceptaron sacar la privatización de AA de la Ley Bases, aprobaron «convencidos» un dictamen para ponerla en venta parcial o total. Desde el 1º de noviembre, por lo pronto, se le facilitó a las low cost puestos en el Aeroparque hasta ahora exclusivos de la línea de bandera. Eso y la suspensión de la impresión de billetes en la Casa de la Moneda son otras señales de la agenda de desguace en vigencia.  

Revista Acción, 3 de Noviembre de 2024

Las huellas de los 90

Las huellas de los 90

Javier Milei se reivindica discípulo del expresidente Carlos Menem desde que comenzó a vislumbrarse como una opción de gobierno, ya antes de las campañas para las PASO de 2023. Aunque siempre rescató las propuestas neoliberales afines a ese espacio político venido a menos desde la crisis de 2001 y el fin de la convertibilidad. De tal modo que en sectores de la sociedad que perciben los tiempos del 1 a 1 con cierta nostalgia, el fundador de La Libertad Avanza logró una fuerte inserción. La situación reinante tampoco ayudó para que aquellos años no se convirtieran en una utopía entre jóvenes que no habían nacido cuando el riojano desplegó su plan neoliberal. Como sea, este revival convierte a la gestión mileísta en un menemismo siglo XXI. Una copia neomenemista de un extremismo y violencia que el original no tenía.

Los detalles incluyen dosis de farandulización que no se veían desde los 90 –llegó a presentar un libro en un acto en el Luna Park en el que cantó con una banda de rock– hasta una alianza extrema con Estados Unidos a la que Milei agrega a Israel, más una política en torno a las Islas Malvinas que raya con la renuncia a la soberanía.

Durante la campaña presidencial, el candidato anunciaba un romance con la comediante Fátima Florez nacido en un programa de televisión. Tras la ruptura de esa relación, aparece en escena Amalia «Yuyito» González, que tuvo un vínculo con el fallecido expresidente justicialista.

La iconografía es un tema también recurrente. Si Menem había copiado el logo de la Casa Blanca al recibir a George Bush en 1990, bien Milei podía «tomar prestado» un diseño del que tenía Ronald Reagan, uno de sus personajes admirados. Sus discursos ante el Congreso, con el atril que ya había utilizado al asumir, esa vez a espaldas del edificio, también rememoran el escenario de los mensajes del Estado de la Unión que los presidentes de EE.UU. hacen al abrir el cada período legislativo.

Tibios mensajes
Lo que más dolores de cabeza trajo en cuanto a las relaciones exteriores, sin embargo, es un alineamiento con el Reino Unido que genera rispideces hacia adentro del Gobierno y con la vicepresidenta, Victoria Villarruel. Si el fallecido excanciller Guido Di Tella quería estrechar lazos con los pobladores de las Islas Malvinas enviándoles regalos insólitos, desde videos de dibujitos animados, libros de El Principito y ositos Winnie the Pooh, lo de Milei va bastante más allá.

Primero, su ministra de Relaciones Exteriores, Diana Mondino, declaró que el Gobierno iba a respetar «los derechos de los isleños», luego apenas respondió con un tibio mensaje irónico en la red X a la visita de su entonces par británico David Cameron a Malvinas en febrero pasado.

A principios de octubre, Milei recibió en una inexplicada visita al exprimer ministro Boris Johnson en la Casa Rosada y le cedió el balcón para que saludara a los paseantes por la Plaza de Mayo. El polémico dirigente conservador posteó alabanzas a un presidente argentino con «los cojones» como para admirar a Margaret Thatcher.

Malvinas
Todavía vendría otra demasía en esta cuestión central para los argentinos: una semana más tarde se divulgó un mapa que el Gobierno mostró en la presentación ante inversores del régimen RIGI realizado por Secretaría de Asuntos Estratégicos de la Jefatura de Gabinete en el que no figuraban las Islas Malvinas ni la Antártida, como establece el Artículo 1° de la Ley 26.651, sancionada en 2010 y que debe ser el «confeccionado por el Instituto Geográfico Nacional».

Pero acá no terminaba la cosa. Lo último, al cierre de este artículo, fue el cruce de acusaciones entre el Ministerio de Defensa y el de Relaciones Exteriores respecto a quién había sido el autor de un comunicado en el que se informa que Mondino se reunió con el vicepresidente del Comité Internacional de la Cruz Roja, Gilles Carbonier, para tratar «la identificación de los combatientes argentinos caídos en las Islas Falklands/Malvinas en el conflicto del Atlántico Sur».

Mondino, que está en la cuerda floja en el Palacio San Martín, deslindó responsabilidades asegurando que ese texto no había salido de la cartera ¿a su cargo?

También esquivó responsabilidades el ministro de Defensa, Luis Petri.

Otro que mira más textos en inglés que en la lengua oficial del país es el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, quien para ilustrar una de sus medidas de «limpieza de hojarasca» relacionada con el pago del IVA puso un mapa de Estonia, Letonia y Lituania en el idioma de Shakespeare. ¿No encontró uno de Europa como los que se venden en cualquier librearía escolar y que abundan en la web?

El «Coloso», como lo llama el presidente Milei, está orgulloso del nuevo nombre y funciones del organismo recaudador, que fue publicado en el Boletín Oficial este viernes. La Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) perderá algunos de los atributos e incumbencias y expulsará a alrededor de 3.000 empleados que tenía la AFIP, la agencia creada en 1996, durante el menemismo. Pero claro, el paleolibertario extrema su antiestatismo y ya avisó reiteradamente que, para él, los evasores son héroes.

Inteligencia
Otra modificación que tiene olor a naftalina es la de la agencia de inteligencia, AFI, que vuelve a ser Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE), el nombre que tuvo desde 1955 hasta 2015. Creada por la dictadura que derrocó a Juan Domingo Perón, su objetivo fundamental era la vigilancia interior, básicamente contra peronistas e izquierdistas y, con los años, todo opositor a los Gobiernos militares. Vuelve a ese organismo y como director de la Escuela de Inteligencia Juan Bautista «Tata» Yofre, quien fuera «Señor 5» entre 1989 y 1990, notorio defensor de la «Teoría de los dos demonios».

Dividida en cuatro áreas, Servicio de Inteligencia Argentino (SIA), Agencia de Seguridad Nacional (AGN), Agencia Federal de Ciberseguridad (AFC) y División Asuntos Internos (DAI), los diseñadores del Gobierno armaron un esquema de logos con predominancia del color negro que producen resquemores. El de la ASN, con un águila que se lanza sobre su presa, tiene cierta reminiscencia del Gran Sello de EE.UU., creado a poco de la declaración de la independencia. En el de la DAI, por su parte, el triángulo con el Ojo de la Providencia, remite directamente al billete de un dólar. En la verde moneda y objeto del deseo del presidente, hay una frase que puede leerse como «Él (Dios) asintió al comienzo de un Nuevo Orden de los Siglos».

El rol en el oficialismo de Martín Menem y Eduardo «Lule» Menem, así como un incipiente proceso de privatizaciones actual -Aerolíneas, Ferrocarriles- en un contexto muy diferente al de 30 años atrás, también abonan a los paralelismos entre los dos procesos políticos.

Para que no queden dudas, el lunes 26 en el Hotel Presidente se lanza la agrupación juvenil La Carlos Menem, con la presencia de Zulema Menem (hija del expresidente), el ex secretario general de la Presidencia Alberto Kohan y el apoyo ferviente de La Libertad Avanza.

Revista Acción, 26 de Octubre de 2024

Los riesgos de jugar con fuego

Los riesgos de jugar con fuego

En el cierre del coloquio de Idea que se realizó en Mar del Plata, y que se hizo bajo un sugerente lema: «Si no es ahora, cuándo», el presidente Javier Milei volvió a brindar un toque de su tono agresivo ante empresarios que pagaron entre 1,4 y 3 millones de pesos solo para presenciar su discurso. Y llamó «econochantas mandriles» a los economistas que cuestionan la línea que desarrolla su Gobierno desde el 10 de diciembre pasado.

A esta altura podría decirse que estuvo bastante civilizado. En el encuentro con sus militantes del 28 de septiembre en Parque Centenario, en el lanzamiento del partido La Libertad Avanza en la Ciudad de Buenos Aires, lanzó tal catarata de improperios que hasta los medios más cercanos se asombraron. «Manga de delincuentes», «sindigarcas», «ensobrados», referido a kirchneristas, gremialistas y periodistas, respectivamente, es lo más delicado que lanzó aquella tarde-noche. Hay mucho más, poco recomendable para almas sensibles, en esta recopilación del portal La Letra P.

https://www.letrap.com.ar/politica/todos-los-insultos-javier-milei-quienes-y-como-ataco-el-presidente-n5411510

Casi el mismo léxico elemental que repitió contra diputados y gobernadores desde principios de año, cuando pretendía que le votaran la mega Ley Bases y la delegación de poderes. «Ratas», «coimeros», «degenerados fiscales». Lo de «mandriles» es otra de sus referencias anales, que tanto podrían haber divertido a chicos de primaria hace 30, 40 años o incluso más.

Una encuesta de la consultora Zuban Córdoba del 11 de octubre revela que el 65% de los consultados cree que el clima de violencia política esta en aumento en el país desde que Javier Milei es presidente. El dato a tener en cuenta es que el 44% de los votantes de Milei también piensa que desde el 10 de diciembre pasado «el odio y la intolerancia están en aumento».

https://twitter.com/Zuban_Cordoba/status/1844861035762860325

Las imágenes de jóvenes libertarios expulsados violentamente de una asamblea en la Universidad de Quilmes se viralizaron prontamente con gruesas acusaciones contra los alumnos, velozmente sindicados del delito de ser «K», a quienes se puso como ejemplo de que el kirchnerismo es violento por naturaleza. En la web del diario Clarín de ese día, se vio por algunas horas un titulo que adelantaba la acusación: «Agreden a estudiantes de Javier Milei en una universidad K». Esa versión es la que apareció en la edición de papel del martes 15.

Cuando se conoció un informe del rectorado de la institución, donde se aclaraba que los expulsados no eran estudiantes, y que, cuando se fueron arrojaron gas pimienta sobre el resto de los presentes, el título cambió. Así quedó finalmente en clarín.com.

https://www.clarin.com/politica/agreden-estudiantes-javier-milei-universidad-kirchnerista_0_7F9rHcBNzg.html

En el papel, el miércoles 16 hace la corrección pertinente, con una segunda nota en la que el medio da cuenta de los agravios descalificadores de Milei contra el diputado Miguel Ángel Pichetto. ¿Una de cal y una de arena?

El estilo Milei, que subyugó a muchos jóvenes y no tanto que encuentran en las redes sociales su caldo de cultivo, alcanzó la fama precisamente por su agresión constante, y no solo contra quienes no piensan como él. Se hizo conocido porque cada vez que era convocado como panelista o entrevistado, el rating se disparaba. Y en tiempos donde los clics se monetizan, era el invitado necesario. Pero ahora es presidente y esas mismas «gracias» se convierten en un juego peligroso.

El especialista en medios Martín Becerra se sorprendía hace unos días por un comunicado de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) en solidaridad con directivos del diario La Nación atacados por Milei públicamente. 

La sorpresa se relaciona con que la entidad, entre cuyos integrantes se encuentran Héctor Magnetto y Marcos Galperin, no acostumbra a meterse en esos temas. El primero es el máximo accionista del grupo Clarín. El segundo, dueño de Mercado Libre, es uno de los que desde su cuenta de X más nafta agrega a cualquier debate político. Como en este caso, chuceando de un modo innecesario al periodista Alejandro Bercovich, con quien mantiene viejas disputas por su posición sobre el conflicto en Gaza. Solo porque puede.

Milei, por su parte, también gusta de chicanas y se dedica a repostear mensajes de algunos de sus seguidores, cuyo núcleo central suelen ser trols. En este caso, trayendo a colación parte de la historia trágica de la Argentina de los 70.

El posteo era posterior al ataque que sufrió durante la última marcha de los universitarios el tuitero conocido como Fran Fijap, quien se hizo conocido como «influencer» y se mete en manifestaciones opositoras en trance provocativo. En esa ocasión fue perseguido y agredido –también de manera innecesaria– por un grupo de manifestantes y se refugió en una pizzería del centro porteño.

Este caso desnudó el sentido que alcanzan estas actitudes. Porque el riesgoso oficio de provocar tiene sus consecuencias. Pero el joven Fijap, se vio en las redes, tenía cobertura de un agente parapolicial que lo metió en el local en cuestión y luego se pavoneó en la TV contando a qué se dedica.

Como sucedió en la UNQui, acercar un fósforo a un bidón no es bueno. El temor es que muchos hacen como si se tratara de un juego inocente. La historia, sin embargo, demuestra que puede terminar muy mal.

La celebración del 17 de octubre de la vicepresidenta Victoria Villarruel tuvo su dosis de provocación, y tampoco fue inocente. Visitó en Madrid a María Estela Martínez de Perón, la presidenta derrocada por el golpe cívico-militar de 1976. Y posteó un video en el que reivindica la tarea que cumplió la viuda del fundador del movimiento peronista contra el «terrorismo y la subversión» de Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) durante su breve gestión (1 de julio de 1974-24 de marzo de 1976).

Es interesante desmenuzar el contenido del video. Ensalza la figura de la expresidenta en medio de las internas en el peronismo por elegir a su dirigencia, pero omite puntillosamente el modo en que fue desplazada del poder. Según se dice allí, «el gobierno de facto puso fin a su mandato». No aclara la razones para el golpe genocida que entre otros uniformados, protagonizó su padre, el teniente coronel Eduardo Villarruel. ¿Qué necesidad había de reemplazar a María Estela Martínez si estaba haciendo todo bien para combatir a los grupos armados, como proclama el corto? ¿O será que ella no quería hacer todo lo que los militares sí hicieron?

Un asunto que no se suele analizar desde las derechas es que la guerrilla no nació espontáneamente por la maldad de jóvenes descarriados. ¿Cuánto influyeron en esa respuesta radicalizada las agresiones cometidas desde el bombardeo a Plaza de Mayo y la dictadura de 1955 –que se proclamó «Revolución Libertadora»– contra el proyecto de vida de los sectores más desfavorecidos de la población?

Preguntas incómodas para momentos incómodos.

Revista Acción, 19 de Octubre de 2024