Por ahora es un misterio qué diablos arreglaron Donald Trump y Vladimir Putin en la íntima charla que mantuvieron por cerca de tres horas en la base militar Elmendorf-Richardson, de Alaska. Pero no estaría mal entender algunas cosas que pasaron esta semana como parte del libreto establecido entre ambos. O de las cartas que se van mostrando.
Como se dijo en estas páginas, el presidente de EE UU anunció ese mismo viernes que había informado a Volodimir Zelenski de lo que se había charlado para un posible acuerdo de paz en Ucrania y dijo que lo recibiría el lunes en el Salón Oval. Pero los líderes europeos gastaron llamadas desesperadas ese domingo para pedir que los no dejaran afuera. La foto que circuló por las redes brevemente fue la del inquilino de la Casa Blanca de frente, con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el secretario general de la OTAN, Mark Rutte; y los jefes de Estado y de Gobierno de Francia, Alemania, Reino Unido, Italia y Finlandia -Emmanuel Macron, Friedrich Merz, Keir Starmer, Alexander Stubb- del otro lado del escritorio, aceptando, sumisos, las reprimendas del boss, con un mapa al costado donde se ven los territorios ucranianos incorporados a Rusia.
El escenario recordó aquella foto de una cumbre de la OTAN de 2018 en Bruselas en la que la entonces canciller Angela Merkel, apoyada en un escritorio, parecía estar reprendiendo a Trump, como acojonado en su silla. Bien dicen que la venganza es un plato que se come frío.
Y esta vez la imagen trascendió luego de cuatro semanas en que el jefe de la Casa Blanca obligó a que Von Leyen -Europa, vamos- aceptara un acuerdo comercial con aranceles de 15%, el compromiso de compra de unos 750.000 millones de dólares en gas estadounidense y de invertir 600.000 en territorio de Estados Unidos
En un reportaje a la cadena Fox, Trump insistió el martes en que Ucrania no debe formar parte de la OTAN y sorprendió diciendo que la Unión Soviética y luego Rusia tenían razón en exigir que la organización militar atlántica no debería estar en sus fronteras. Poco antes había ordenado desplegar buques de guerra en aguas del Caribe y aplicó la excusa del narcotráfico para emitir una nueva amenaza contra el gobierno bolivariano. Rusia tiene estrechos lazos y acuerdos militares con Venezuela, y para EE UU América Latina es el “patrio trasero” al que se pretende aferrar en medio de su derrumbe en otros lares. De modo que el mensaje sería: “la OTAN fuera la frontera rusa y Rusia fuera de mis fronteras”. En mayo pasado, Nicolás Maduro estuvo en Moscú para celebrar los 80 años del fin del nazismo y Putin le abrió las puertas al ingreso a los BRICS.
El miércoles, mientras desde todo el planeta llueven manifestaciones de rechazo al genocidio en Gaza y y el Ejército convoca a 60.000 reservistas para la ocupación total, Trump ensalzaba la figura de Benjamin Netanyahu en una entrevista con el programa radial The Mark Levin Show. Pero como no puede con su genio, usó una alabanza un tanto fuera de lugar habida cuenta del pedido de captura del Tribunal Penal Internacional contra el ultraderechista para un autoelogio desmesurado: «(Netanyahu) es un héroe de guerra. Supongo que yo también lo soy. A nadie le importa, pero también lo soy. Quiero decir, yo planeé aquello». Se refería al ataque a la central nuclear iraní de Fordow del 22 de julio al que sus propios acólitos repudiaron por mostrar una suerte de sumisión a las estrategias de Israel.
Este sábado se informó la detención de Serhii Kuzientsov, un oficial del servicio de inteligencia ucraniano (SBU) de 40 años al que se sindica como el coordinador del atentado al gasoducto Nord Stream, que puso fin al transporte de gas a bajo precio de Rusia a Alemania, en septiembre de 2022. El hombre, que tiene todos los boletos para ser considerado un perejil en este entramado de altos intereses geopolíticos, fue capturado en Rimini, la patria chica del genial Federico Fellini. Lo detectaron, dice la información, precisamente tras haber comprado un ticket de avión para ir de Polonia a Italia.
Doctor en Filosofía, docente e investigador en la Universidad de Chile, Rodrigo Karmy Bolton acaba de publicar una serie de ensayos sobre lo que define como “el devenir Nakba del mundo”, donde bajo el título Palestina sitiada analiza lo que considera un experimento del imperialismo que se desarrolla en esa región de Medio Oriente pero cuyos alcances son globales. De eso habló en esta charla vía Zoom con Tiempo.
–Tu planteo es que hay en marcha una especie de Nakba eterna, con bolsones de pobreza, de excluidos en las ciudades, perseguidos y exterminados, como los palestinos desde 1948.
–El sentido sería pensar a Palestina no como un caso aislado de los acontecimientos que se desencadenan en el planeta, sino como el caso más extremo, que por serlo constituye una especie de crisol a partir del cual podemos entender lo que está sucediendo en otros lugares a nivel tecnológico o político. La Nakba no es solamente el término para designar la Catástrofe palestina sino para designar la catástrofe que en Palestina encuentra un momento de intensidad mayor.
–¿Ese sería un laboratorio para el resto del mundo?
–Sí, entendiendo que en ese laboratorio se intensifican las lógicas que se aplican en otros lugares. La diferencia entre Palestina y nosotros es sólo de grado, no de naturaleza. Lo cual significa que nuestras ciudades se pueden convertir en Gaza en cualquier momento y por cualquier razón.
–El objetivo, que ya no ocultan el gabinete Netanyahu, es expulsar a la población originaria o directamente exterminarla.
–El proyecto sionista cristalizado políticamente por el Estado de Israel desde 1948 tuvo siempre ese objetivo, no es un problema exclusivamente del primer ministro. Netanyahu más bien es el síntoma de toda esta historia que Israel despliega a nivel colonial y del que estamos viendo el intento de completar. Netanyahu no quiere hacer concesiones. Hemos visto en estos dos años de genocidio que ha sido Netanyahu el que ha detenido las posibilidades de cese al fuego, y ni siquiera un acuerdo de paz.
–Netanyahu dijo estos días que había cumplido la promesa de impedir el establecimiento de un estado palestino “como me exigen los distintos gobiernos de Estados Unidos”. El ministro Bezalel Smotrich agregó que cada nuevo asentamiento, cada barrio, cada vivienda hecha en Cisjordania “es otro clavo más en el ataúd de esta peligrosa idea”.
–Es que Israel nace con la idea del Eretz Israel, el Gran Israel, que Netanyahu intenta consumar. Mi lectura es que la Nakba no es una excepción en la historia de Israel, sino su mejor textura. Israel intenta expulsar a la población nativa y despojarlos completamente de su mundo. Esta es la cuestión de fondo.
–¿Qué fue pasando en el mundo para que ahora sea tan desembozado este proyecto? No tienen ningún problema en decirlo y además reciben el apoyo de los gobiernos de Europa y de Estados Unidos.
–Es una pregunta para responder por lo menos en tres niveles. El primero es que Israel se funda a partir de la transgresión del derecho internacional. Naciones Unidas había propuesto en 1947 el establecimiento de dos estados, donde el 51% correspondía al estado sionista y el 48 al palestino, lo cual era ya una solución colonial urdida por Gran Bretaña. En ese contexto ha ocurrido una especie de israelización del mundo global donde el derecho internacional y el orden internacional que surgió desde la Segunda Guerra Mundial se derrumba completamente y lo único que nos queda es el reino de la fuerza. ¿Cómo llegamos a este punto? El orden liberal ha sido destruido por los mismos que dicen defenderlo: Israel y Estados Unidos. Segundo nivel: este proceso solo puede darse cuando lo que denominamos sionismo no es una cuestión privativa del Estado de Israel. Hay un sionismo cristiano que funciona como el gran escenario ideológico desde el siglo XVIII de las empresas imperiales. Primeramente por Gran Bretaña y relevada por Estados Unidos y Europa hasta la actualidad. El ideologema sionista es común a Estados Unidos, Alemania, Francia, Gran Bretaña, y por supuesto al Estado de Israel. Podríamos decir, con Samir Amin, este es un imperialismo colectivo, un sionismo colectivo, que ha traspasado sistemáticamente el orden liberal en virtud de sus propias ansias imperiales, de sus propias formas de acumulación de capital.
–¿Qué sería el sionismo cristiano?
–El sionismo cristiano, que ustedes están conociendo con Milei, es más antiguo que el sionismo judío, es la materia ideológica fundamental sobre la cual se asienta. Por eso, el sionismo judío tiene la tragedia de reproducir lo peor del sionismo cristiano, que es su vocación imperial y su forma de apropiar y anexar la tierra a nivel colonial. Para terminar este tercer punto, digamos que la administración Trump está haciendo lo mismo que Netanyahu. El primer ministro está en una política de anexionismo, que yo llamo “anexsionismo”. Trump dice «vamos a anexionar Groenlandia”. El paradigma de la política reaccionaria de nuestra época es la política anexionista por antonomasia.
–Se me ocurren tres cuestiones. En primer lugar: ¿Cómo nace el sionismo cristiano? En segundo lugar, vos atribuís la desaparición del orden fundado tras la Segunda Guerra Mundial al sionismo. Otra lectura diría que ese momento aparece cuando Vladimir Putin ordena la Operación Militar Especial en Ucrania. Por otro lado, no son pocos los que pondrían a la política de Putin también como de anexionismo.
–Respecto al primer punto: el sionismo cristiano en realidad no tiene un autor específico sino un conjunto de articulaciones imperiales que se desatan desde finales del siglo XVIII hasta la primera mitad del siglo XIX y que configuran el imaginario imperial británico. Hay un grupo de evangélicos muy importantes en Gran Bretaña que contemplan al imperialismo español por un lado y al imperialismo francés por el otro y dicen: “estos son dos proyectos anticristianos”. El católico es anticristiano porque tiene a la Iglesia Católica como garantía institucional, y el francés es secularista, liderado por Napoleón. Estos evangélicos dicen “debemos tener un proyecto para la segunda venida de Cristo. Así como los católicos persiguieron a los judíos y los franceses han olvidado a Cristo, nosotros tenemos que volver sobre el pueblo judío, tenemos que ser filosemitas”, así se llamaba, “para restituir a los judíos a su tierra prometida, Palestina”. Desde el punto de vista del sionismo cristiano, eso implicaría la consumación del dominio de Cristo a nivel planetario y por lo tanto la conversión de esos judíos de Palestina al cristianismo. Ese discurso que para nosotros es demente, en realidad es pura geopolítica en un discurso teológico-político. Lo que significa es “Gran Bretaña, una vez que ponga los judíos en Palestina, va a triunfar en el dominio del capital transnacional”. Cristo es el capital transnacional, Cristo va a dominar todo el planeta. Ese sionismo cristiano tiene una ramificación hacia el sionismo judío que interpreta a una burguesía, a una pequeña burguesía judía austriaca y británica al tiempo que comienza a configurar el movimiento colonial sionista, en la segunda mitad del siglo XIX. El sionismo cristiano surge a partir de esta coyuntura imperial en un proceso de por lo menos dos siglos, dentro de lo cual se forma el sionismo judío, y ambos son empresas coloniales que se destinan al dominio de Medio Oriente y tiene a Palestina como puntal. Eso se canaliza en 1917 con la entrada del de las tropas británicas.
–¿Eso implica que el imperialismo angloestadounidense en realidad un imperialismo cristiano-sionista?
–Sí, el imperialismo angloestadounidense es un imperialismo anglosionista. Es heredero del imperialismo hispano portugués del siglo XVI, del imperialismo franco-británico del siglo XVII y XVIII y es una última fase imperialista, que es la del capital fósil: petróleo, hidrocarburos. En cuanto a la pregunta sobre Putin, creo que estamos asistiendo a un momento de colapso de ese imperialismo por el renacimiento no solamente de Rusia como actor internacional, con un aparataje ideológico propio muy relevante, sino también de China. Eso está resquebrajando completamente el lugar de las hegemonías a las que estábamos acostumbrados en los años ’90. Por eso creo que se puede establecer una conexión entre el genocidio actual en Palestina y la guerra en Ucrania.
–¿En qué sentido?
–Lo que conecta a ambos es el capital gasífero, el capital del hidrocarburo. El proyecto israelí siempre fue dominar toda la Palestina histórica, pero en los últimos años se encontró un yacimiento de gas en las costas de Gaza, por eso siempre digo “Gasa”, con ese. Israel quiere convertirse en el sustituto de Rusia para proveer gas a Europa. Estados Unidos pretende que Europa no reciba gas de Rusia, porque se lo vendían muy barato y eso implicaba una fractura geopolítica para el dominio norteamericano sobre el continente. Obligó a Europa a comprarle gas y va a obligarle a comprarle a Israel, si es que Israel consuma ese proyecto. Eso es lo que está dirimiéndose ahí.
–¿Qué papel juega Rusia?
–La Rusia de Putin está produciendo una revolución, aunque en otro sentido a la Rusia soviética. Es una revolución orientada a una descolonización monetaria y reafirmar el carácter nacional de Rusia. De alguna manera también está impulsando una revolución decolonial respecto de su soberanía monetaria, junto con China, mientras Estados Unidos y el imperio anglo están en fatal retroceso. Lo que está experimentando Israel ha sido caracterizado por el historiador israelí Ilan Pappe como un proceso de colapso. Para mi, ese colapso no es privativo de Israel, sino del imperialismo angloatlántico, o del sionismo cristiano.
El presidente Javier Milei inauguró el pasado viernes en el estadio Atenas de La Plata la campaña electoral de la alianza La Libertad Avanza (que incluye al PRO, pero sin nombrarlo) con un discurso que complementa el mensaje sintetizado en una bandera una semana antes en Villa Celina: «Kirchnerismo Nunca Más». En términos prácticos, esto sería «polarización o muerte». Y deslizó varias frases en las que quedó claro que su enemigo declarado es el actual gobernador, Axel Kicillof, sobre quien descargó varios de sus epítetos preferidos. De paso, presentó a sus candidatos para cada sección electoral y a quienes serán sus estrellas en la lista de diputados nacionales, José Luis Espert y Diego Santilli.
En un discurso en el que obvió cualquier mención a dos de los más graves problemas que aquejan a su Gobierno –el desmadre de variables económicas en las últimas semanas y el avance de la investigación por la criptoestafa $Libra– se subió a un drama que impacta en la sociedad, el escándalo por el fentanilo contaminado, que ya habría provocado un centenar de muertes.
La frase presidencial ante una tribuna enfervorizada fue: «¿Acaso les parece que el juez que tiene la causa sea justo el hermano del ministro de Salud de Kicillof? Ese es el modelo del amiguismos, corrupción, encubrimiento y crimen que ya destruyó el país y que no quieren soltar en esta provincia a pesar de todo el daño que causa». El magistrado que lleva adelante el caso, Ernesto Kreplak, efectivamente es hermano del titular de la cartera de Salud provincial, Nicolás Kreplak. La pregunta es: ¿qué tiene que ver eso con la causa, si el organismo de control en estos temas es de jurisdicción nacional?
El caso estalló a raíz de una observación sobre muertes sospechosas que profesionales del Hospital Italiano de la capital bonaerense detectaron proveniente de la aplicación del opioide. La investigación del juez Kreplak llevó el origen a ampollas distribuidas por el laboratorio HLB PHARMA, propiedad de Ariel García Furfaro, un empresario que tiene vinculaciones con sectores del peronismo.
El caso del fentanilo es casi un símbolo del momento político que se vive en el país. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, se paseó por programas de tevé «amigos» para señalar culpas en la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat), pero quedó pedaleando en el aire. «La Anmat falló, porque el señor que tiene el laboratorio es un amigo del poder y logró que el poder le permitiera hacer esto», dijo, y buscó explicar las supuestas ventajas de dejar que los médicos recomienden determinados medicamentos en base a su conocimiento.
"Imaginate que la ANMAT no hubiera estado, me hubiera cuidado mejor"
Federico Sturzenegger sostuvo que la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica "falló con el fentanilo y desprotegió" a la gente: "A veces el Estado es el que te crea los riesgos". pic.twitter.com/LXiv3me9FE
Más allá de lo insólito de semejante debate, el «Coloso» trastabilló ante Jonatan Viale cuando venía diciendo que la culpa de la tragedia era de la «Anmat kirchnerista» y el comunicador, al que no se puede acusar de opositor a esta gestión precisamente, le recordó que la partida había sido elaborada en diciembre de 2024, es decir, el control estaba a cargo del actual Gobierno. El periodista Ari Lijalad, por su parte, reveló que el organismo al que Sturzenegger pretende eliminar aprovechando estas muertes, había detectado irregularidades en Laboratorios Ramallo, donde se fabricaba el fentanilo, desde días antes de haber producido esa partida letal, y las autoridades no hicieron nada.
Color violeta En el fragor de una campaña de medio término que se avizora como la más áspera de las últimas décadas, el oficialismo ensaya una agresiva estrategia de cara a las urnas el 7 de septiembre y sobre todo el 26 de octubre. Así, sobrepasó los límites al alterar declaraciones de Kicillof para que parezca estar diciendo algo que no dijo, en un video difundido en las redes por el vocero presidencial y el propio mandatario.
Asimismo, las definiciones de cara a la carrera electoral suscitaron reacciones y rupturas en el arco de la derecha. Un espectro conservador que no acepta la sumisión motorizada por el expresidente Mauricio Macri. Lo expresó quien fuera su embajador en China y que ya había ocupado el mismo puesto diplomático en Estados Unidos, Brasil y la Unión Europea durante el menemismo, Diego Guelar.
Haciendo un poco de historia, y tras recordar que de ser «un partido municipal» el PRO se convirtió en la referencia de la centroderecha a nivel nacional, Guelar apeló a brulotes típicos de esta época para cuestionar a Mauricio Macri por haber entregado ese espacio a la Libertad Avanza en el acuerdo que selló con Karina Milei para la provincia y la Ciudad de Buenos Aires. Formalmente, el exembajador fue expulsado de esa fuerza política por «haber faltado el respeto» al expresidente. En favor de Macri habría que decir que algunos de sus acólitos ya lo habían abandonado, como es el caso de los diputados Diego Santilli y Cristian Ritondo o los intendentes Diego Valenzuela y Guillermo Montenegro, que no dudaron en vestirse de violeta para mostrar su adhesión al paleolibertarianismo. Oponerse tal vez lo hubiera dejado más desamparado.
La que no quiso cruzarse de vereda fue la exgobernadora bonaerense y actual diputada María Eugenia Vidal, quien recorrió canales para contar que su propuesta, sin dejar de ser antiK, busca una alternativa fuera de LLA. Una «ancha calle del medio» que no termina de consolidarse.
Encerrarnos en “Milei o kirchnerismo” no es lo mejor para los argentinos.
Yo elijo construir una Argentina con más opciones, más líderes, más equipos y más futuro. Y ahí está el PRO. pic.twitter.com/z7JJ6LF48J
Bastante más lejos de la avenida General Paz, que Vidal atravesó para competir con suerte dispar ante ambos públicos, un grupo de gobernadores plantea una oferta electoral que tiene puntos de contacto con esa percepción del momento actual. El santafesino Maximiliano Pullaro, el jujeño Carlos Sadir, el santacruceño Claudio Vidal, el chubutense Ignacio Torres y el cordobés Martín Llaryora armaron un frente al que denominaron Provincias Unidas con el que esperan articular los intereses diversos del Interior en el Congreso que se viene. Se trata de distritos con un fuerte componente agropecuario e industrial, como Córdoba y Santa Fe, junto con otros donde la minería y la energía explican parte sustancial de su economía.
Voces de provincias Torres, que integra el PRO, había cuestionado la alianza con LLA alegando que «ir al resguardo de los vencedores es muy sencillo, es tomar atajos e ir a la cómoda». Pullaro, radical, dio profesión de fe antiK estas semanas al decir en una entrevista que el mejor Gobierno desde 1983 había sido el de Raúl Alfonsín y el peor el de Néstor Kirchner. Llaryora, del peronismo cordobés, sacudió el avispero cuando anunció un aumento para los jubilados provinciales del 84,21% y un bono de 100.000 pasos para los que tengan ingresos menores a 1.300.000, a cobrar desde el viernes 15 de agosto.
Todos ellos, hay que decir, bancaron hasta ahora la gestión de Milei y sus legisladores nacionales fueron clave para aprobar las leyes que pidió o para impedir que le bloquearan los vetos a las que no le gustan a la Casa Rosada. La que hizo un mea culpa de ese apoyo fue la diputada Margarita Stolbizer. «A la luz de lo que lo que pasó, siento que pequé un poco de inocente. En aquel momento era razonable que votara la Ley bases en general sin prever lo que iba a pasar después», dijo la diputada por el GEN, un desprendimiento de la UCR –donde militó desde 1983– que se alinea en el bloque Hacemos Coalición Federal.
Quizás esta respuesta sirva para explicar el nerviosismo de los mercados, del oficialismo y de parte de la oposición «amigable». Ya no estamos en aquel momento inaugural de Milei. Desde entonces pasaron cosas y el electorado que lo está padeciendo tiene la palabra.
Las palabras de Donald Trump ante la prensa luego de la reunión de casi tres horas en Alaska con Vladimir Putin es una gran explicación del primer cara a cara entre ambos mandatarios desde 2019: “No hay acuerdo hasta que haya un acuerdo”. Puede sonar a frase de autoayuda pero es un sensato resumen de cómo quedan las relaciones entre las dos mayores potencias militares del planeta tras la bilateral del viernes. Y que echa por tierra las expectativas que se habían retroalimentado los medios occidentales. No hubo acuerdo sobre algo concreto porque no era eso lo que habría de estar sobre la mesa y, por otro lado, ¿alguien cree de verdad que poner fin a la guerra en Ucrania es cosa de tomar un café y estrecharse las manos? Eso podía funcionar en la campaña presidencial estadounidense de 2024, pero no en la vida real. Más aún cuando dos de los directamente involucrados, Unión Europea y Volodimir Zelenski, que no tienen entre su favorita a la palabra “paz”, no fueron invitados.
A ellos se refirió Putin al término de la cumbre en la que los dos presidentes coincidieron en que habían sido conversaciones muy constructivas con “grandes avances”, aunque no hubiera anuncios. “Esperamos que Kiev y las capitales europeas acepten todo esto en clave positiva y no busquen poner obstáculos. Que no intenten frustrar el avance con provocaciones o intrigas detrás de bastidores”, dijo, lapidario, el ruso.
“Llamaré a la OTAN dentro de un rato, llamaré a las personas que considero oportunas y, por supuesto, llamaré al presidente Zelenski para informarles sobre la reunión. En última instancia, la decisión depende de ellos», se sumó el empresario inmobiliario. Dejando en claro que la Casa Blanca busca correrse de la responsabilidad en la situación ucraniana que, sin embargo, le cabe a Estados Unidos desde el golpe de estado contra Viktor Yanukovich de febrero de 2014. El origen para el Kremlin del conflicto que derivó en 2022 en la Operación Militar Especial (invasión, para Occidente).
Foto: @Kremlin
De hecho, si alguien puede trabar este acercamiento pragmático entre Moscú y Washington es Europa, que comprueba nuevamente que ya no tiene estatura como para un lugar en ese tipo de mesas. Lo de Zelenski tiene otra dimensión. Con mandato vencido el 20 de mayo de 2024, se mantiene en el poder gracias a una prórroga autorizada por la ley marcial. Si se llega a la paz definitiva en Ucrania en los términos de Putin, la OTAN se podrá considerar perdidosa en el campo de batalla y también en cuanto a su peso global.
Zelenski teme una ofensiva judicial sin precedentes por su gestión de la guerra y denuncias de corrupción por ahora cajoneadas. Hay que considerar que se opuso -obedeciendo indicaciones del entonces primer ministro Boris Johnson- a un acuerdo de paz elaborado junto con el turco Recep Tayyip Erdogan en abril de 2022. Además, el presidente ruso no lo reconoce como autoridad válida para firmar cualquier pacto.
Mucho antes, en 2014 y 2015, Kiev y la OTAN habían boicoteado los acuerdos Minsk I y Minsk II, que podrían haber evitado la guerra ya que garantizaban la seguridad y autonomía de las poblaciones rusófonas del Donbas. Razón de más para no creer que en el encuentro que se realizó este viernes en la base militar Elmendorf-Richardson, en las afueras de la capital de Alaska, Anchorage se podría haber llegado a un documento final. Los rusos tienen además buenas razones para desconfiar en la palabra de Occidente al punto que anotan como origen primigenio de esta situación al avance de la OTAN hacia el este que los líderes de la época se habían prometido no llevar a cabo en 1991, a la caída de la Unión Soviética.
Una imagen que viralizó este mismo viernes fue la del canciller Sergei Lavrov vistiendo un buzo blanco con las letras CCCP. Es la sigla en grafía cirílica para SSSR, el acrónimo ruso para Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
El mensaje de esta cumbre estaba más teñido de esa simbología de lo que Occidente estaría dispuesto a aceptar públicamente. Por un lado, reflotó el recuerdo de que Alaska fue parte de la América Rusa hasta que fue vendida en 1867 a EE UU. Putin visitó el cementerio donde reposan los restos de pilotos soviéticos caídos durante la Segunda Guerra Mundial, cuando ambas potencias eran aliadas contra el nazismo. Allí se encontró con el obispo Alexis, sacerdote de la Iglesia Ortodoxa local, y le entregó de regalo un ícono de San Germán, el santo patrono de Alaska, y otro de la Virgen María. El cura, a su vez, le agradeció a Rusia haber dado a esa región “algo muy valioso: la fe ortodoxa”.
Pero hubo más. En la delegación rusa había una veintena de altos cargos de los cuales solo cinco se sentaron a la mesa de discusión: Lavrov; el ministro de Finanzas, Antón Siluánov; el titular de Defensa, Andréi Beloúsov; el director del Fondo Ruso de Inversiones, Kiril Dmítriev; y el asesor presidencial Yuri Ushakov. Todos los integrantes de la comitiva son nacidos en la URSS, dos en actuales territorios ucranianos, uno en Georgia y otro en Estonia. El resto en Rusia. Salvo Ushakov, todos los demás fueron sancionados por Washington. El exjefe de las Fuerzas Armadas, Sergei Shoigú, y el actual comandante, Valeri Gerasímov, al igual que Putin, tienen orden de detención de la Corte Penal Internacional.
De la injerencia rusa a la invitación a Zelenski
Donald Trump no la tiene fácil para encaminar esta parte de su mandato, atosigado por sus batallas arancelarias y la crisis provocada por la Lista de Epstein. Su otra promesa electoral, la de poner fin a la guerra en Ucrania, amenaza al Estado Profundo, esos intereses de la industria militar y mediática que apuestan a un enfrentamiento contra Rusia, que no parece tan fácil en la realidad como en las mesas de arena. Para llevar adelante su estrategia, Trump azuzó el fuego sobre la manipulación de los demócratas en torno a la “injerencia rusa” en las elecciones de 2016, un tema que destapó la titular de la Dirección Nacional de Inteligencia, Tulsi Gabbard. El “Objetivo Rusia” está en la mira de los que realmente digitan la política estadounidense desde mucho antes y ya le habían bloqueado acercamientos con Moscú a Barack Obama.
Putin apuntó contra Europa y Volodimir Zelenski como posibles agentes contra un acuerdo de paz en Ucrania. Trump lo sabe, por eso se apuró a darles su versión de lo conversado en Alaska y anunció que mañana recibirá al ucraniano en el Salón Oval. Una declaración firmada por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el francés, Emmanuel Macron: la italiana, Giorgia Meloni; el alemán, Friedrich Merz, el británico, Keir Starmer; el finlandés, Alexander Stubb; el polaco, Donald Tusk; y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, dice haber recibido “con satisfacción los esfuerzos del presidente Trump para detener la matanza en Ucrania, poner fin a la guerra de agresión de Rusia y lograr una paz justa y duradera”.
Comentarios recientes