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Hecha y derecha

Hecha y derecha

Victoria Villarruel tiene, desde que asomó a la política, un objetivo claro: reivindicar a los militares acusados por delitos de lesa humanidad y cambiar la matriz del principal consenso de estos 40 años de democracia, recuperada un 10 de diciembre, el Día de los Derechos Humanos. Tratándose de la compañera de fórmula de Javier Milei, la fecha elegida para su «homenaje a las víctimas del terrorismo» en la Legislatura porteña, 4 de septiembre, no suena a casualidad.
Cuando todavía no se acallaron los recordatorios por los cincuenta años del golpe contra el Gobierno de Salvador Allende, en Chile, no viene mal poner en contexto aquellos acontecimientos y contrastar con estos momentos decisivos que se viven en nuestro país. El 4 de setiembre de 1970 el médico chileno ganó las elecciones a la cabeza de una alianza, Unidad Popular –partidos socialista, comunista y agrupaciones de izquierda– por muy poca diferencia con respecto al conservador Jorge Alessandri, y apenas unos puntitos sobre el demócrata cristiano Radomiro Tomic. Fue una elección de tres tercios que terminó dirimiendo el pleno del Congreso, según la Constitución y los usos y costumbres de la época, en favor del más votado. El 11 de septiembre de 1973, y luego de tres años de acoso mediático, económico y político, tanto interno como desde el aparato de inteligencia de Estados Unidos y la Casa Blanca, tomaría el poder una junta militar encabezada por el dictador Augusto Pinochet.
La barbarie fue el mecanismo utilizado para desarrollar del otro lado de la cordillera el primer experimento en humanos de las teorías neoliberales pergeñadas por Milton Friedman en la Universidad de Chicago. Fue el modelo que se aplicó en Argentina a partir del 24 de marzo de 1976 y en gran parte del mundo desde entonces, con mayor o menor violencia institucional de por medio.
El acto organizado por Villarruel fue otro desafío más para el consenso del 83 desde que la figura de Milei comenzó a hacerse más visible. Quizás el punto culminante de esa ofensiva sobre valores que parecían indiscutibles haya sido el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner, del que se cumplió un año el 1 de septiembre. Gran parte de la dirigencia y del Poder judicial no parecieron dimensionar lo que estaba en juego. La «grieta», ese término útil –aunque excesivamente cómodo– para explicar enfrentamientos ideológicos aparentemente irreconciliables en la sociedad, sirvió para solapar aquel intento de magnicidio que hubiera arrastrado al país a un nuevo abismo.
El discurso de Milei, de tono agresivo y con amenazas explícitas hacia sectores de izquierda o simplemente progresistas, fue calando en los medios ante el festejo de comunicadores que hasta alentaron los exabruptos del candidato. Milei se ocupa de poner sobre la mesa las medidas más impiadosas, simbolizadas en una motosierra alegórica. Villarruel, en cambio, que se postula como encargada de los temas relacionados con la Defensa y la Seguridad ante un eventual triunfo en los comicios, complementa el proyecto neoliberal de La Libertad Avanza con sangre y fuego. El modelo chileno era vouchers educativos y garrote. Hacia allí quieren ir los autodenominados libertarios.

Nuevas grietas
El acto del 4-S despertó el rechazo de diversas agrupaciones y hasta del vicepresidente de la Legislatura, el radical Martín Ocampo, quien argumentó a contramano del planteo de Juntos por el Cambio. El legislador dijo que el permiso para el acto fue otorgado siguiendo las reglas del Parlamento porteño –aunque jura que el petitorio fue engañoso sobre su contenido– y puntualizó que «este señor y esta señora vienen a romper esa política de Estado que teníamos y a plantearnos que ahora hay otra situación en la que hay que revindicar la dictadura». No solo eso. También dijo: «Si la grieta antes era kirchnerismo y no kirchnerismo, ahora la grieta es dictadura y no dictadura; y en el lado de la no dictadura estamos el kirchnerismo ni nosotros», sostuvo.
Dentro de JxC, sin embargo, no hay acuerdo sobre qué grieta quieren explotar de cara al 22 de octubre, y se vuelven a repetir llamativas coincidencias con LLA. «Es ahora. Es el momento de destruir el kirchnerismo, para que no vuelva más una ideología que ha generado un mal terrible en nuestro país», dijo Patricia Bullrich en el festejo por el aplastante triunfo de Maximiliano Pullaro el domingo pasado, en Santa Fe. Y pronosticó que luego de los resultados que augura en Entre Ríos, Chaco, Mendoza y Buenos Aires, «los kirchneristas no tendrán donde esconderse». El martes, en una recorrida por La Plata, Milei –acompañado por su aspirante a gobernadora, Carolina Píparo– dijo que «si les ganamos a los camporistas no tendrán dónde esconderse, porque ya perdieron hasta en Santa Cruz».
En el marco de la interna que se disputaba en JxC entre Horacio Rodríguez Larreta y la exministra de Seguridad, la lideresa de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, cuestionó en junio pasado que el proyecto de Macri-Bullrich se basara en «un ajuste brutal con una represión indiscriminada». Y para que no quedaran dudas, completó: «Si a la violencia ilegítima de las calles se le agrega la represión indiscriminada para construir el orden, terminamos en un juzgamiento por delitos de lesa humanidad cometidos por el Estado, donde va a ser juzgado hasta el presidente».

La causa Malvinas
En el «mileísmo», a las idas y vueltas del propio fundador de LLA sobre la dolarización o los recortes en las áreas más sensibles del Estado se le sumó una declaración altisonante sobre el tema Malvinas de su candidata a canciller, Diana Mondino, al diario británico The Telegraph, en la que asegura que de llegar al Palacio San Martín «los derechos de los isleños serán respetados». Para rematarla, dijo que «el concepto de que se puede imponer a la gente lo que se puede hacer o lo que se debe hacer es muy feudal e ingenuo».
A las críticas de veteranos de la guerra de Malvinas y del Gobierno nacional y de Unidos por la Patria, se le adosaron dirigentes de JxC y cierto malestar dentro de LLA. Según el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata (Cecim), «ya vivimos la dictadura cívico-militar, los modelos neoliberales de los 90 con Menem, De la Rúa, Macri y su referente en este presente, Patricia Bullrich. Nos impusieron la muerte, el terrorismo de Estado, la destrucción del Estado, las privatizaciones, el desempleo, el hambre, la miseria y llevaron a millones de argentinos a la marginación y el olvido». El comunicado del Cecim recuerda, además, que «Bullrich quiso cambiar vacunas por las Islas Malvinas».
Del acto de Villarruel participó un veterano de Malvinas, el ex mayor del Ejército Marcelo Llambías. Condecorado por su actuación en la trágica aventura militar en las islas, fue acusado de delitos de lesa humanidad contra soldados conscriptos y es uno de los referentes de la candidata a vicepresidenta. Pero el hombre fue condenado por el asesinato de un par, el teniente coronel retirado Jorge Osvaldo Velazco, en 2001. Un crimen pasional, nada que ver con la ideología. Néstor Kirchner lo destituyó en 2005. En la cárcel, donde cumplió 9 años de prisión, se recibió de abogado y ahora defiende a acusados de violaciones a los derechos humanos.

Revista Acción, 17 de Septiembre de 2023

Los republicanos se toman revancha y quieren llevar a juicio político a Joe Biden

Los republicanos se toman revancha y quieren llevar a juicio político a Joe Biden

Los republicanos se tardaron cuatro años pero como bien se dice, la venganza es un plato que se come frío y este martes el presidente de la Cámara de Representantes, el legislador por California Kevin McCarthy, abrió las puertas a una investigación para llevar al presidente Joe Biden a un juicio político por las supuestas actividades ilegales de su familia. Dos días más tarde, el fiscal federal de Delaware, David Weiss, imputó a Hunter Biden –hijo del primer mandatario y causante de gran parte de sus dolores de cabeza– por tres delitos relacionados con la compra y posesión de armas.

«En los últimos meses, los republicanos de la Cámara de Representantes han descubierto acusaciones serias y creíbles sobre la conducta del presidente Biden: una cultura de corrupción», dice el duro comunicado de McCarthy, sin vinculación familiar con Joseph McCarthy, el fanático anticomunista de los años ’50. El proceso será dirigido por los presidentes del Comité de Supervisión y Transparencia, James Comer; del Comité de Asuntos Judiciales, Jim Jordan, y del Comité de Medios y Arbitrios, Jason Smith. De encontrar pruebas como para un juicio político, el caso deberá someterse al pleno de la cámara baja y si hay mayoría de votos favorables, el Senado deberá decidir sobre la posible destitución de Biden.

Hace exactamente cuatro años, el entonces presidente Donald Trump había pasado por un impeachment, como se denomina en EE UU a este proceso político, en la previa al año electoral. Y fue por causas también relacionadas con la familia de Biden. Más precisamente, esa vez la acusación que llevó adelante la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, se basó en una llamada telefónica de Trump al presidente ucraniano Volodimir Zelenski en la que presuntamente lo presionaba para que forzara a la fiscalía de su país a investigar la participación de Hunter Biden en una empresa de energía  tras el golpe de estado de 2014. Concretamente, se trata de una operación que realmente existió por la cual el hijo del entonces vicepresidente ocupó un sillón en el directorio de la firma Burisma Holdings. La acusación fue de haber pretendido forzar un proceso judicial para ensuciar al candidato demócrata que finalmente lo destronó en la elección de 2020.

Biden Jr. ya había tenido problemas siendo asesor de campaña en la elección de Barack Obama, en 2008, cuando se difundió que había trabajado para una empresa de tarjetas de crédito que hacía lobby en el Congreso en favor de una ley que beneficiaba a sus intereses. El papá promovió sin pruritos la ley en cuestión en el Congreso. El tema con las armas tiene otro cariz y se trata de un «olvido» en su declaración para obtener el permiso de compra y portación. Según la denuncia, que impulsa el fiscal especial David Weiss –nombrado por el secretario de Justicia Merrick Garland– Hunter falsificó un formulario para comprar una pistola Colt Cobra calibre 38 en 2018.

Hunter, el hijo en problemas de Joe Biden.

Foto: Mark Makela / Getty / AFP

En el documento que debe presentarse ante la oficina Federal de Registro Federal de Armas (FFL en inglés), el hombre, que ahora tiene 53 años, declaró que no había sido consumidor de productos ilícitos ni tenía adicciones a estimulantes, estupefacientes o sustancias bajo control. Pero según él mismo había revelado en un libro autobiográfico, Beautiful Things, tuvo una larga lucha contra las drogas, que comenzó a consumir a los 18 años con períodos de adicción que atribuye a una secuela de un trágico accidente automovilístico en el que murió su madre y una hermana de 13 meses cuando él tenía tres años. Mentir en un documento es una grave falta para la Justicia pero también para la moral media de EE UU. Hunter aparece inmerso en presuntos negociados con empresas chinas, según otras de las imputaciones en el Comité de Supervisión y Transparencia, donde se notaría la mano del actual inquilino de la Casa Blanca.

Biden padre respondió que el objetivo de los republicanos es cerrar el financiamiento del Estado federal cuando están cerca de un año electoral. «No sé muy bien por qué, pero simplemente sabían que querían acusarme; y ahora, lo mejor que puedo decir es que quieren destituirme porque quieren cerrar el gobierno», dijo a la cadena CNN. En fila, funcionarios de su administración salieron en su defensa. «Han aparecido sin pruebas, el presidente no hizo nada malo», expresó la vocera de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre.

Trump pudo zafar de aquel impeachment porque la mayoría legislativa en la cámara alta abortó el juicio, en enero de 2020. Luego los demócratas le hicieron otro juicio, a raíz de la toma del Congreso del 6 de enero de 2021, que tampoco prosperó, aunque el empresario inmobiliario ya había dejado el cargo. Lo que podría ocurrir en Representantes es aún una incógnita. No todos los republicanos están a favor del proceso porque saben que eso puede beneficiar a Trump y muchos se están por postular a la competencia presidencial y lo prefieren afuera de la carrera. Mucho tuvo que lidiar McCarthy –considerado pro Trump– para ser elegido titular de la cámara, a pesar de que el partido tiene la mayoría de bancas. Le costó 15 rondas, nada menos, antes de la fumata blanca.  «

Automotrices en huelga en Detroit

Trabajadores de las tres plantas de Detroit, una de las automotrices más grandes del mundo, iniciaron este viernes una huelga en reclamo de aumento de salarios. El poderoso sindicato United Auto Workers (UAW) paró las fábricas de General Motors, Ford y Stellantis (Fiat, Chrysler y Peugueot). Al reclamo se sumaron los 12.700 trabajadores que piden, de acuerdo a los líderes del gremio, un 36% de aumento a prorratear en tres años.


El presidente del sindicato UAW, Shawn Fain, dijo en una transmisión por Internet que «es hora de que nos den algo» y añadió, a modo de explicación, que «no permitiremos que los ‘Tres Grandes’ sigan prolongando las discusiones durante meses».


Las empresas cercenaron salarios y recortaron beneficios después de la crisis financiera de 2008.»Esta empresa lleva años generando dinero gracias a nosotros», dijo a AFP Paul Sievert, empleado de la planta de Ford en Wayne desde hace 29 años. El presidente Joe Biden, dijeron los sindicalistas, habló con Fein y los directivos de los fabricantes para informarse sobre las negociaciones.

Tiempo Argentino, 17 de Septiembre de 2023

Tucker Carlson con Milei: derechistas del mundo en su salsa

Tucker Carlson con Milei: derechistas del mundo en su salsa

En abril pasado, Tucker Carlson fue despedido intempestivamente de la cadena Fox News y la noticia causó sorpresa en el medio que bancaba a rajatabla a Donald Trump. Porque el presentador que más audiencia la aportaba al canal que había fundado el magnate australiano Rupert Murdoch no dejó de ser un ferviente seguidor de las ideas conservadoras que sustenta el 45º presidente estadounidense. ¿Sería por eso? La sospecha de Tucker, hijo de otro presentador de noticias, Richard Warner Carlson -quien dirigió la radio Voz de América durante gran parte del período de la Guerra Fría y también Radio Martí, de propaganda contra el gobierno cubano, ambas financiadas por EEUU- es que su despido tiene que ver con su posición sobre Rusia y en especial sobre la guerra en Ucrania.

“Estados Unidos podría forzar la paz esta noche. Ellos podrían. Es singular que tengan ese poder y siguen permitiendo que maten a ucranianos y que ese país quede devastado”, dijo en un podcast con su colega Russell Brand. “La guerra es una línea roja para mucha gente en los negocios y la política”, agregó. “¿Por qué tengo que odiar a (Vladimir) Putin?”, se preguntó entonces. “Porque los demócratas en Washington nos han dicho que es un deber patriótico; no es una sugerencia odiarle, es un mandato”, detalló. También Trump se opone a la estrategia de la administración Biden con Rusia y en especial con Putin, quién le hizo un guiño (ver aparte) sobre los problemas judiciales que preocupan al aspirante a regresar a la Casa Blanca por el partido republicano.

El caso es que Tucker Carlson es un notorio y muy difundido conservador, cultor de esa tendencia llamada “alt-right”, la derecha alternativa que en todo el mundo está causando estragos alentando ideológicamente a personajes como Jair Bolsonaro en Brasil, Marine Le Pen en Francia, José Antonio Kast en Chile, por mencionar a algunos. Era de manual que el periodista estrella de Estados Unidos, que luego de su salida precipitada de Fox exhibe sus entrevistas en su cuenta de X (la exTwitter), quisiera hablar con el libertario argentino Javier Milei, luego de su triunfo en las PASO de agosto. Ya lo había visitado a Viktor Orban, el primer ministro de Hungría que dentro de la UE y la Otan sostiene posiciones contrarias a la guerra en Ucrania, mal que les pese a sus socios regionales.  Y había debutado en ese novedoso medio para él, con el propio Trump. No se lo iba a perder al argentino.

Milei estuvo efusivo como siempre en la entrevista que se hizo pública este jueves. Respondió, en español, a todos los centros que le tiró Carlson, que recorrió las cuevas de Buenos Aires para mostrar la realidad con la compra-venta ilegal de dólares y registró para su audiencia –unas 300 millones de reproducciones en las primeras 24 horas- las consecuencias de la alta inflación. Nada que no haga cualquier visitante foráneo cuando llega a la Argentina actual.

La charla giró mayormente sobre la línea ultraconservadora de Milei, algo tampoco diferente a lo que suele expresar ante comunicadores locales. No faltaron los gestos iracundos del candidato de La Libertad Avanza, que hasta se diría que fueron recibidos con beneplácito por el conductor televisivo nacido en San Francisco hace 54 años. Milei se mostró cercano argumentó con soltura sobre cómo es que un hombre que defiende la libertad individual está en contra del aborto, sobre su posición extrema acerca de la igualdad a todo nivel y culpó de la situación en que se encuentra el país a “los 100 años de ideas socialistas” de la dirigencia política. Hasta la arquitectura “brutalista” de algunos edificios mereció la crítica del candidato, que la calificó también de formar parte de una concepción del mundo izquierdista. Algo que especialistas en el tema se encargaron luego de desmentir.

La furia anticomunista de Milei incluso agrada a Carlson, que lo dejó extenderse sobre la supuesta afinidad del papa Francisco con el socialismo y su defensa de la justicia social –una “aberración que va contra los 10 mandamientos», insistió- y la presunta cercanía de Jorge Bergoglio con Fidel y Raúl Castro y Nicolás Maduro. Prometió el líder libertariano, como se definió para aclarar los tantos para un país donde liberal quiere decir progresista, que en su gobierno “no habrá lugar para ningún comunista”. Aclaró que no tendrá inconvenientes si cualquier argentino quiere comerciar con China o Brasil, pero que si él gana la presidencia, “los chinos no entran ahí, Lula no entra ahí, Putin no entra ahí”. Carlson lo miró con cara de póker y pasó de tema,sin pasar por Ucrania.  Por lo que se sabe, Carlson pidió una entrevista con Putin y espera de una respuesta del Kremlin.

Tiempo Argentino, 17 de Septiembre de 2023

Mauricio García Villegas: «Los latinoamericanos somos producto de la hibridez»

Mauricio García Villegas: «Los latinoamericanos somos producto de la hibridez»

De paso por Buenos Aires para presentar su último libro, El viejo malestar del Nuevo Mundo, el politólogo y ensayista colombiano Mauricio García Villegas habló largamente con Tiempo sobre ese trabajo que desmenuza lo que el filósofo Baruch Spinoza definió como «emociones tristes» y cómo encaja esa interpretación de ciertas realidades latinoamericanas con el arielismo, ese modo de ver a la región como una nación común en contraposición con el mundo anglosajón, a partir del ensayo del uruguayo José Enrique Rodó.

–¿Qué son las emociones tristes?

–Spinoza habla de que los seres humanos sentimos algunas emociones que nos apocan, nos disminuyen. Entre ellas está el miedo, la venganza, el resentimiento, la envidia. Él decía que había que tratar de evitarlas en lo posible. Yo utilizo ese concepto, concebido para los individuos, para aplicarlo a los grupos sociales, a los países. Yo podría haber escrito sobre las emociones tristes en Francia, un país que conozco relativamente bien. O más bien sobre EE UU, que está lleno de emociones tristes. Pero escribí sobre América Latina porque es el continente que más me interesa. Las emociones tristes no explican todos nuestros pesares, pero explican algunos, nos iluminan. Parto de la base de lo parecidos que somos. Durante muchos años fui sociólogo del Derecho y me ocupé de algo que es igual, desde la Patagonia hasta el río Bravo: la cultura de incumplimiento de reglas. La viveza criolla y la arrogancia del «usted no sabe quién soy yo» y esas cosas. Yo era consciente de la unidad de América Latina sobre todo en ese aspecto, pero mirando temas históricos culturales y políticos hoy estoy convencido de que la unidad es más profunda, de que somos un mismo pueblo separado por unas murallas ficticias, jurídicas, que son las fronteras. En la colonia esa unidad era muy clara, porque había un solo poder monárquico que imperaba en todo el continente.

–Las guerras de la independencia se hicieron con tropas de los actuales países sudamericanos junto a San Martín y Bolívar.

–Cuando (Alejandro) Humboldt pasó por acá también existía esa idea, porque la naturaleza es igual, diversa pero igual. En el siglo XIX muchos pensaron lo mismo, como Andrés Bello y Martí y en el siglo XX Carlos Monsiváis, Alfonso Reyes, Enrique Ureña y otros…

–A muchos argentinos les cuesta un poco admitir que somos latinoamericanos, se ven como europeos en el exilio, al decir de Borges.

–Yo creo, por lo que conozco, que cada vez se sienten menos europeos. Y eso debido a que tienen los mismos problemas del resto del continente. En Europa y EE UU puede haber unos 20 millones de latinoamericanos o más. Mientras nosotros creemos que somos muy distintos, ellos saben, porque lo han vivido, que somos muy parecidos. Yo experimenté eso cuando era estudiante en los ’80 en Lovaina (Bélgica), que estaba llena de latinoamericanos de todos los países. Cuando nos comparábamos con los belgas sabíamos que éramos iguales. Europa, con lenguas distintas, religiones distintas, culturas distintas ha logrado unidad. ¿Por qué nosotros no?

–Esa unidad se construyó sobre la base de guerras devastadoras.

–Es que a veces las cosas malas tienen consecuencias buenas y viceversa. La guerra ha sido muy importante para la construcción de los estados y las guerras internacionales fueron esenciales para unir a Europa. Eso no justifica que ahora busquemos la guerra para conseguir unidad, por supuesto que no. Tenemos que buscar esa unidad por otros medios. Una de las emociones más fuertes de los latinoamericanos es la desconfianza, muy ligada al miedo y al desconocimiento. Como no hemos tenido muy pocas guerras internacionales, hemos vivido a espaldas los unos de los otros, desconfiando de todo lo que sobrepasa la frontera. Como sea, tenemos que crear instituciones internacionales autónomas; independientes de la política, que no dependan de los gobernantes de turno. En América Latina es muy usual que, cuando llega un nuevo gobierno, acomode las instituciones a sus intereses partidistas.

–Sí, hubo instituciones como la Unasur que con un giro conservador fue desarticulada, mientras que la OEA, creada por EE UU, sigue sus intereses en detrimento de la región.

–Es un círculo vicioso. EE UU es muy celoso de la autonomía de los países de América Latina y siempre se ha manifestado con dureza contra quienes se salen de su órbita. Pero esa actitud se origina en nuestra debilidad. Si estuviéramos unidos seríamos más fuertes y Estados Unidos se lo pensaría dos veces antes de imponernos sus políticas. Nos hemos dejado imponer, por ejemplo, la llamada  «guerra contra las drogas», que ha sido una catástrofe para América Latina. Claro, otro obstáculo para liberarnos de esa política nefasta es que nuestras élites conservadoras están aliadas con Estados Unidos.

–¿Qué sería el arielismo?

Foto: Pedro Pérez

–El arielismo es un fenómeno cultural, un sentimiento de unidad latinoamericana. No creo que haya que rescatar el arielismo tal como lo planteó Rodó a principios del siglo XX. Pero sí creo que debemos acabar con la mentalidad parroquial. Debemos aprender de la literatura latinoamericana, que es una sola, tal vez el producto más noble que tenemos para mostrarle al mundo. Hay que empezar por construir esa misma conciencia en el ámbito de la política. Esa es la base para crear un mercado común, una moneda única y unas instituciones internacionales que estén por encima de la soberanía de los países.

–Se me ocurre pensar quién querría a los argentinos en ese club (risas), además de que algunos ya tienen el dólar como moneda de curso legal.

–La unidad de la moneda tiene que estar precedida de un fortalecimiento del sentimiento americanista, de la conciencia de la unidad cultural y espiritual del continente, y claro, del fortalecimiento de las instituciones regionales. Cuando eso se logre, todo lo demás: monedas únicas, leyes iguales, identidades comunes son posibles.

–Pero hay mentalidades colonizadas.

–Hay que evitar los extremos, como decir que la colonia sigue intacta. Sí, hay muchos rasgos coloniales que aún persisten. Yo digo en el libro que los latinoamericanos somos más españoles del barroco que los españoles actuales. Y ser eso implica arrastrar una cultura del pasado y también con cosas materiales del pasado, como el latifundio, la desigualdad, las jerarquías sociales. En Argentina eso es menos visible, pero en países con una cultura indígena fuerte eso es muy claro: la separación entre los blancos y los negros, el racismo, el menosprecio por los que no son de clase alta, la arrogancia de las élites y también el arribismo de las élites frente a los estados poderosos del mundo. Esos son rezagos del barroco. Los latinoamericanos somos producto de la hibridez: tenemos mucho de España y de la cultura occidental y tenemos mucho del pasado precolonial, para no hablar de la influencia africana en algunos países. Somos todo eso, ni más ni menos y debemos asumir esa mezcla y esa complejidad. 

Tiempo Argentino, 17 de Septiembre de 2023