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Una brecha entre Ford y Steve Jobs

California es el estado más rico de Estados Unidos, tiene 39 millones de habitantes y aporta cerca del 20% de su PBI anual. Si fuera un país independiente su economía sería la sexta del mundo, peleando el lugar con Gran Bretaña. Ahora, tras el resultado de la presidencial, comenzó a crecer la idea de la secesión, habida cuenta de que como lo vienen haciendo tradicionalmente, votaron a los demócratas, que ganaron la elección pero pierden en el colegio electoral contra un candidato que representa valores diametralmente opuestos a los liberales que imperan en ese territorio. Para no perder originalidad, lo que plantean, tomando el modelo británico, es el Calexit, que no es dar una vuelta el carrousel sino irse de la Unión.

Mientras tanto, los analistas desmenuzan las razones del triunfo de Donald Trump en lo que se conoce como el «cinturón de óxido», la cuenca industrial ahora venida a menos por la globalización y la deslocalización de empresas hacia confines con menores salarios, México o China.

Entre el óxido de la devaluada Detroit, y la sofisticada tecnología de Sillicon Valley se fue produciendo una grieta que la llegada del misógino y xenófobo Trump a la Casa Blanca puede exacerbar si es que no incorpora los tratos que suele exigir la política estadounidense. La pregunta es cómo pudo ocurrir eso, tanto el triunfo de Trump como la grieta social y económica.

Las respuestas son variadas. Por un lado, la industria de los «fierros» fue perdiendo competitividad con Alemania, China y los países asiáticos. Barack Obama planeaba resolver esa situación con los tratados transatlántico y transpacífico, pero el magnate percibió que ahí había una brecha en la que colar un discurso sencillo pero eficaz. «Hay que poner freno al ingreso de mercadería importada y defender la mano de obra local con frenos aduaneros», dijo, y se ganó la estima de los nuevos pobres blancos.

Las tecnologías de punta estadounidenses marchan a la vanguardia en el mundo, y en el plano específico de la informática, casi nada de lo que ocurre en el planeta queda al margen de algún sistema -incluso de vigilancia- que no pase por Estados Unidos. Allí no necesitan trabas sino más bien que los mercados permanezcan abiertos tanto como sea posible. No sea cosa que el ejemplo cunda.

El obrero del fierro del que se habla es un ciudadano blanco y sin demasiada preparación teórica acostumbrado a salarios altos y beneficios sociales que ya no están a la moda por aquellos sitios. El tecnológico tiene estudios universitarios y trabaja con las mejores condiciones laborales, desde horarios flexibles hasta participación accionaria.

El mundo de Henry Ford se da de bruces con el de Steve Jobs. Por eso en el «rustbelt» se inclinaron por Trump los obreros de cuello azul, mientras que son demócratas las capas medias ilustradas de jean gastado. En California aparecen, en este contexto, voces que se plantean dejar de pertenecer a Estados Unidos. No hay mucha diferencia en lo que plantean desde hace algunos años los catalanes en España. No extrañaría que los escoceses repitieran su deseo independentista, ahora que en Gran Bretaña ganó el Brexit, pero no en ese norte que también supo tener un cordón industrial próspero y orgulloso de su destino.

Tiempo Argentino
Noviembre 13 de 2016

Donald Trump, presidente de Springfield

Donald Trump, presidente de Springfield

La serie de animación Los Simpson cumple este 17 de diciembre nada menos que 27 años en el aire. Fue el primer gran éxito de la cadena Fox, un bastión del pensamiento de la derecha más conservadora, propiedad actualmente del magnate australiano Rupert Murdoch.

Esta familia sencilla de clase media y piel amarilla de tan blanca, con un padre elemental y bastante bruto, modeló a toda una generación en la irreverencia. La acostumbró a situaciones salvajes que se resuelven en un humor corrosivo como no se había visto hasta entonces en un producto masivo.

Podía parecer una crítica social, pero bien visto es un reflejo de esa enorme masa de estadounidenses que solo aspiran a una vida acomodada y a la respuesta simplona a sus problemas, para luego tomarse una cerveza con amigos mientras el resto de la humanidad –encarnados en sus vecinos– enfrenta su vida de cada día con los dilemas morales y las encrucijadas cotidianas que debe asumir cada ser humano «en este valle de lágrimas».

En el capítulo emitido el 19 de marzo de 2000 y que se tituló «Bart al futuro», Lisa, la hermana de Bart Simpson –el hijo aún más primario de Homero– llega a la presidencia de Estados Unidos y se queja de la «pesada herencia».

«Hemos heredado una crisis presupuestaria del presidente Trump», resume. El guionista de ese capítulo, Dan Greaney, salió hoy a declarar al The Hollywood Reporter que el episodio en cuestión no era sino una advertencia –hace 16 años, baste recordar– de hacia dónde iba la política en esa nación.

«Lo importante es que Lisa llega a la presidencia cuando Estados Unidos está en la cuerda floja, y así Donald Trump dejaba la presidencia», dijo Greaney, para aclarar a continuación: «necesitábamos que los problemas de Lisa fueran más allá de sus capacidades, que todo fuera tan mal como fuera posible, y es por eso que elegimos a Trump como el presidente anterior a ella», concluyó el guionista.

Ayer, esa premonición se cumplió, para sorpresa de quienes apostaban por la continuidad de los demócratas, encarnados en la exsecretaria de Estado Hillary Clinton. Y la pregunta obligada es: ¿cómo pudo ocurrir?

Quizás la respuesta esté en esa familia disfuncional creada hace casi 30 años por Matt Groening. Trump, como Homero, no tiene freno inhibitorio. Dice lo que le sale y trata de hacer lo que se le ocurre. Homero no tiene muchas luces y que es un irresponsable, para colmo, ocupando un puesto clave en el control de la seguridad de una central nuclear. Trump, desde el 20 de enero, tendrá las claves del arsenal atómico más temible del planeta. No tiene empacho en prometer que va a levantar el muro en la frontera con México y se lo hará pagar a ellos. Tampoco en asegurar que piensa armar a la población, expulsar a los musulmanes y legalizar la tortura a «terroristas».

Es que no tuvo inhibiciones a lo largo de su vida en considerar a la mujer como un objeto sexual o al menos un ser inferior.

Suena terrible, pero si uno rasca debajo de la superficie, habrá que reconocer que los personajes de Homero podrán ser cualquier cosa menos hipócritas. El policía Gorgory y el alcalde Diamante son corruptos y tienen arreglos con la mafia, pero no lo ocultan. ¿Son mejores Obama y su candidata a sucederlo?

Cierto, jamás hablarían en los mismos términos. No aceptarían defender la tortura ni violar los derechos más elementales de los ciudadanos, no prometerían erigir un muro ni expulsar a los inmigrantes.

Pero fue durante la administración del primer afrodescendiente en gobernar EE UU que un enemigo de Estados Unidos como Osama bin Laden –acusado de gravísimos delitos, vale deci–r fue eliminado sin juicio previo y en un país extranjero, mientras el presidente y su canciller celebraban públicamente en la Sala de Situación de la Casa Blanca. ¿Se aceptaría decir que comparado con esto la detención de Milagro Sala es un gesto humanitario del gobernador jujeño Gerardo Morales?

Fue durante la gestión del tándem Obama-Clinton que se impulsó la crisis en Siria, que ya generó cientos de miles de muertos y millones de desplazados que ahora mismo golpean a las puertas de Europa clamando por alguna salida para sus vidas.

Fue en este tiempo que culmina que se produjo el derrocamiento de Muammar Khadafi y virtualmente se destruyó a Libia. Como se recordará, Khadafi fue apaleado hasta la muerte por un grupo de fanáticos que grabaron su «hazaña» con un celular sin que ese bárbaro proceder levantara quejas del gobierno estadounidense. Que era presidido por un premio Nobel que tenía como secretaria de Estado a Hillary Clinton.

Fue en estos años demócratas que las autoridades expulsaron a casi 3 millones de inmigrantes ilegales, la tercera parte más que George W. Bush. Y la cartera de relaciones exteriores, primero a cargo de Clinton y luego John Kerry, promovió los golpes institucionales en América Latina que quitaron del poder a tres presidentes constitucionales, en Honduras, Paraguay Y Brasil.

Homero Simpson y su inefable familia podrán ser una caricatura del estadounidense medio. Pero al mismo tiempo es un reflejo de un sector social que existe y que tal vez desde que el programa se convirtió en el más visto de la televisión mundial se permitió expresar ese discurso básico sin prurito.

Modeló en casi tres décadas a al menos dos generaciones de norteamericanos. Y mientras algunos lo tomaban como un mensaje mordaz, otros se sintieron representados por los personajes de la inexistente ciudad de Springfield. Y el mejor exponente de este cambio de paradigma, el que mejor lo interpretó, fue precisamente Donald Trump.

www.tiempoar.com.ar
Noviembre 9 de 2016

Para Leonardo Padura, «hace falta refundar la utopía»

Para Leonardo Padura, «hace falta refundar la utopía»

Por Alberto López Girondo y Ricardo Gotta
Foto: Diego Paruelo

Nuevamente en Buenos Aires, donde fue jurado en el certamen de novela de Clarín, Leonardo Padura, el creador del detective Mario Conde, habló con Tiempo sobre cómo se ve el mundo desde una esquina de La Habana en la que nació y de la nunca se quiso ir.

–¿Viste muy distinto al país desde la última visita?

–Estuve justo hace un año. Lo veo más caro. Se nota la carestía. Son impresiones, lo que he leído y oído, pero siento que la gente está muy preocupada por la cuestión económica y laboral, con planes sociales que parece que han dejado de existir.

–Toda la región cambió mucho. ¿Cuál es ahora la preocupación principal?

–Muchas. Para Cuba ha sido un tiempo complicado: la situación de crisis en Venezuela no cede, tal vez explicada porque en Cuba hubo una revolución, pero en Venezuela, no. Pero además, lo que ocurrió en Brasil es lamentable, y Argentina con una situación económica complicada, aunque acá hubo una salida institucional.

–En Cuba misma son tiempos de cambios profundos.

–Había mucha expectativa de que las cosas se movieran más rápido. Hace varios años que Cuba está en un proceso de cambio de estructuras económicas y sociales que se ha llamado actualización del modelo cubano. Lamentablemente, aún no ha conseguido lo más importante y que es que la economía cubana funcione. Este año se prevé un crecimiento de un 1%, insuficiente para un país en la situación en que está Cuba. (El presidente) Raúl Castro lo dijo: la asignatura pendiente de Cuba es la economía y no acabamos de dar las respuestas que puedan ser las correctas después de una crisis muy profunda y unos años de estancamiento muy lamentables. Hay un elemento que retrata la situación económica y es la existencia de dos monedas que, todo el mundo sabe, es absolutamente antieconómico y contraproducente. El gobierno no acaba de eliminar una, porque no encuentra una manera de hacerlo que no sea catastrófica. Al final va a haber que asumir la catástrofe.

–Influye no haber podido resolver el bloqueo.

–Mira, no es que estemos bloqueados por Haití. Ni siquiera por Argentina. Estamos bloqueados por EE UU. Y hace 60 años. Lo que ocurrió hace unos días en la ONU, por primera vez (en lugar de votar en contra de la moción cubana del levantamiento del embargo, EE UU se abstuvo), es una señal muy clara de lo que pretende el presidente (Barack) Obama. De todas maneras, escribí en una columna en la Folha de San Pablo, en horas habrá algo que va a influir a nivel planetario: ¿quién será el próximo presidente de los EE UU? A pesar de que las encuestas, dicen que va a vencer el mal menor, no se puede confiar en ellas. Lo que ocurra allí será importante para Cuba: un gobierno de (Donald) Trump puede ser cualquier cosa. Hillary (Clinton) puede ser una continuidad de la política de Obama, aunque no con la misma intensidad. Obama en un año y medio cambió muchísimo la relación y si no ha cambiado más es porque no ha podido, porque depende de lo que le apruebe el Congreso, dominado por republicanos. Mientras exista el embargo no va a existir una relación normal entre ambos países, un mercado, un comercio eficiente. Y aquí viene la parte peligrosa: ¿dependeremos otra vez de los EE UU? ¿El levantamiento del embargo significará otra vez una invasión de capitales norteamericanos? El gobierno cubano está otra vez ante una situación complicada.

–Nunca te fuiste de Cuba, de la casa familiar. ¿Costó mantener esa posición, tanto dentro de Cuba como fuera, donde muchos intentan que critiques al gobierno, y que seas representante de la oposición?

–No soy el representante de nada. Me represento a mí mismo y malamente. Me gustaría que me consideraran lo que soy: un representante de la cultura. No soy un hombre de militancia política, ni un activista social. No hago otra cosa que escribir y opinar. Mi gran lucha en Cuba ha sido por poder ser independiente, económica, social e intelectualmente. Afortunadamente, hace 20 años que una editorial en España publica mis libros. Viajo con frecuencia a distintos países. Hago mis películas con productores que la mayoría de las veces no son cubanos. Logré crearme ese espacio independiente, dentro del cual digo lo que pienso, dentro y fuera del país. No tengo un doble discurso. No digo algo en Argentina que no sería capaz de decir en Cuba. A veces, cuando te agreden mucho, pues, tú reaccionas. A veces los periodistas tratan de sacarte esa declaración…

–Ese título…

–Me pasó en la tevé de Brasil: el tema era cuán pobres eran los cubanos y tuve que decirle a la periodista que sí, que en Cuba hay una gran pobreza, pero no se ha muerto nadie de hambre, y que en el camino hasta este canal he visto más gente durmiendo en la calle de la que hay en Cuba completa.

–¿Cómo es tu relación con el gobierno cubano?

–Soy un ciudadano que vive en Cuba. Mi pertenencia social está hecha con la Unión de Escritores y Artistas. Tengo el estatus de escritor independiente desde 1996: soy el primero que lo pidió y el primero que lo tuvo. Pago mis impuestos como un trabajador privado. El resto, tengo los mismos deberes y derechos que todos.

–Decías que tu única tarea es la de escribir. ¿Y la de mirar? Tus libros siempre reflejan aspectos de la sociedad cubana.

–Trabajé como periodista muchos años y no dejo de hacerlo. Hace dos, decidí cortar algunas colaboraciones: me vi trabajando más como periodista que como novelista. Todo el que ha transitado este oficio sabe que te da una cierta deformación profesional: tratas de ver las cosas y encuentras una explicación. Vivo en un barrio donde toda la gente me conoce y la gente entra y sale de mi casa. Mi padre murió hace tres años. Mi madre sigue allí. Esa es una casa de puertas abiertas. Uno se entera de muchas cosas con el contacto con los vecinos, con la calle. Siempre me interesó esa perspectiva. Las conclusiones, las reflexiones, la síntesis es la que utilizas como material periodístico o novelístico de modo más elaborado. Ese punto de vista trato de mantenerlo en el sitio de la agencia Interpress Service, la “Esquina de Padura”, que es el lugar donde los cubanos que vienen por una calle se encuentran con los que vienen por la otra y se ponen a conversar. Es una perspectiva desde el nivel de los ojos de un hombre. Desde ahí trato de entender el mundo. Sí, hay una búsqueda del reflejo de lo social. Escribir entraña una responsabilidad y no me interesa para nada escribir solo por contar una buena historia. La literatura tiene una función cívica social y trato de cumplirla.

–Hay una diferencia con el mero reflejo de la realidad, que es la función básica de un periodista.

–En mi caso todo pasó junto. Siempre me permitieron hacer grandes reportajes, como llamamos a los trabajos de investigación. Los hice sobre cultura, historia, costumbres, que tuvieron mucho éxito, El periodismo cubano del período revolucionario ha padecido la enfermedad de la pertenencia a organismos del partido, del Estado o del gobierno, y reflejó esa perspectiva. De pronto, un periodismo que escapaba de ese carácter propagandístico y hablaba de la historia cubana, personajes y situaciones, con un estilo muy literario, cambió el panorama. Ese periodismo me nutrió y me ayudó a dar el salto como escritor. Entre el joven escritor que era cuando empecé y el que escribió la serie de Mario Conde hay una evolución evidente, que se produjo haciendo periodismo.

–¿Es fácil investigar en Cuba temas históricos como en varios de tus últimos libros?

–Es complicadísimo. Requiere de un esfuerzo especial Yo tengo que cargar libros de todas partes del mundo. Como tengo acceso casi inexistente a Internet, debo pedirles a amigos que viven en España, Francia, México, que me bajen archivos y me los manden por correo electrónico. Cuando estamos de viaje con mi esposa nos conectamos y bajamos información. No hay bibliotecas que estén actualizadas.

–¿Por eso Mario Conde se transformó de detective a revendedor de libros?

–Fue una decisión complicada. Cuando termino Paisajes de otoño, Mario Conde deja la policía. Mi intención es que ahí terminara la vida del personaje. Y cuando decido rescatarlo, me digo: a qué pongo a trabajar a este inútil, que malamente hace su trabajo como policía… Ya se vivían los años tan jodidos de los ’90, un período en que la gente se tuvo que reciclar para poder sobrevivir. Y uno de los negocios que se montó fue el de vender libros viejos. Hubo gente que vendió su biblioteca para ganar un dinero y sobrevivir. Además, las editoriales cubanas dejaron de publicar. La compra y venta me pareció adecuada para Conde, una profesión lo suficientemente cerca de la calle y de la literatura.

–¿Seguís sintiendo dolor cuando terminás una novela?

–De pronto te pasas dos, tres, cinco años viviendo en ese planeta que has creado y conectado por todas las vías, la física, la mental, la sentimental. Y de pronto debes abandonarlo, como si te fueras de un país a otro en el que tienes que construirlo todo de nuevo. Una sensación de pérdida muy grande. A veces he tenido la sensación de que cuando termino ese libro me voy a morir. Que ese libro es el fin de muchas cosas. Una sensación dolorosa a la que uno se acostumbra, como pasa con otros dolores, a determinada edad, un dolor de rodilla, de hombro… Lo asumimos y aprendemos a vivir con él.

–A los lectores muchas veces nos pasa lo mismo.

–En mi caso, eso se resuelve tratando de pensar un nuevo libro. Tengo una imaginación bastante limitada, y por eso escribo tanto sobre la realidad. Invento muy poco. Cuento lo que está documentado por la vida o por la literatura. Que se me ocurra una idea para otro libro es bastante agónico y hay momentos que me empieza a preocupar. Por ahí pasan dos o tres meses y no se me ocurre cuál va a ser la idea. Lleno los espacios trabajando mucho en temas periodísticos, ensayísticos, de cine. Escribo todos los días, de lunes a domingo.

–¿Cómo es tu día en Cuba?

–Me levanto temprano, tomo mi café, fumo mi cigarro, tomo la computadora, respondo los dos o tres mails más urgentes, y empezar a escribir, o a investigar. Unas cinco horas con mucha intensidad. Después una siesta. Leo un par de horas y luego bajo a mi patio, que me gusta muchísimo , a ver las plantas, las riego… Y hago un poco de ejercicio físico, que lo necesito por mi espalda.

–Esas horas de escritura: ¿cuánto tienen de método y cuánto de placer?

–Chico, hay días en que uno se siente que no conecta bien con la historia, un poco disperso, por muchas cosas. Y días en que estás muy metido. Es un trabajo en el que no hay regularidades. Milan Kundera lo fundamenta muy bien: por su característica, la novela es un género en que el escritor que comienza a escribir es diferente al que lo es cuando la termina. Pueden pasar años, la vida de las personas inevitablemente cambia. Como decía Heráclito, nunca te estás bañando en la misma agua del río. Si aplicas un método, de alguna forma estás limitando lo más lindo que tiene escribir una novela que es la gran libertad que te permite. La novela es el reino de la libertad.

–Aunque se le de una enorme importancia al rigor histórico.

–Si escribo de un asunto que tiene un momento histórico, trato de hacer la investigación lo más exhaustiva posible. Nada tiene que ver con la forma en la que investiga un historiador, que necesita el documento que le permita hacer una afirmación de valor universal y científico. El escritor debe tener la certeza de conocer ese momento y los personajes que allí se movieron. Somos individuos que vivimos en la historia, y la historia, lo queramos o no, afecta nuestras vidas de manera drástica.

–Antes eran los papeles que llenaban el cesto. ¿En el proceso de escritura, ahora también se tira mucho?

–Yo escribo por versiones. Trato de completar la historia y la vuelvo a reescribir muchas veces pero voy anotando los cambios. Hasta llegar a versiones muy cambiadas, diez versiones. Si fueran papeles, habría roto una cantidad enorme…

–¿También en Herejes, que es como tres libros en uno?

–Fue una novela muy difícil de escribir porque tenía tres registros narrativos distintos, personajes distintos, tres épocas. Lograr ese hilo conductor… más que el cuadro de Rembrandt, me interesaba tejer bien el tema de la libertad del individuo, el derecho de ejercer su albedrío, en distintas épocas, de distintas modos. Es una condición esencial de la propia espiritualidad del hombre. El hombre aspira a ser libre. Nadie es esclavo por voluntad propia.

–¿Sigue habiendo un espacio para la utopía?

–El espacio está reducido pero la necesidad de la utopía no ha desaparecido. No hay ningún proyecto utópico suficientemente convincente. No hemos podido crear la gran utopía igualitaria del siglo XXI, tras el desastre que significó el comunismo en Europa. El mundo va al desastre económico, ecológico, social, migratorio. Estamos llenos de crisis por todas partes. Hace falta refundar una utopía. ¿Cómo? No sé, no soy sociólogo, ni político. Ni siquiera astrólogo. Si lo fuera… Hace falta hallar una tabla de salvación para el futuro de la humanidad.

De carros y beisbolistas

–Vivo en Cuba como un ciudadano normal, aunque tengo privilegios enormes, como tener un automóvil, el mismo carro hace 19 años, uno pequeñito, un Subaru Vivio…

–¿No un almendrón (los clásicos autos de los ’50)?

–No, el almendrón era de mi padre y mi hermano quiso venderlo. Muy costoso mantenerlo. Tener un auto es un privilegio que pude mantener gracias a mi trabajo. Cuando traté de comprar uno nuevo, no me dieron autorización: costaba 30 mil y lo subieron a 180 mil… Imagínense cómo debo cuidar mi carro viejo.

–¿De chico te gustaba oír lo que hablaban los grandes?

–A todos los muchachos les gusta. No sé ahora: pasan más tiempo con una tablet, una PC, o una tevé. Me gustaba, aunque pronto, antes de lo que hubiera sido lo correcto, decidí no ir de visitas con mis padres. Me aburría. Lo que me gustaba era jugar béisbol. Logré que me dejaran en la esquina de casa, con una sola prohibición: la de cruzar la avenida principal. La frontera. En los barrios estaba como en mi patio.

–¿Soñabas con ser beisbolista?

–Sí. Era más hábil e inteligente que buen jugador. Nunca tuve las mejores aptitudes físicas. Hubiera sido un buen director técnico. Sé mucho de «pelota». La entiendo muy bien. Es un deporte muy complicado.

–Acá somos fanáticos del fútbol. Soñamos, más allá de las edades, con hacer un gol en nuestro equipo favorito.

–Lo soñé muchos años, todos los días. En los últimos tiempos estoy decepcionado con el béisbol cubano. Como en el fútbol en Argentina: los principales talentos se van del país a jugar en ligas profesionales. Y en Cuba esos talentos luego no pueden jugar en el equipo nacional. Cuba negocia contratos con ligas del Caribe, Europa y Japón (con EE UU no, por el embargo) pero la calidad del béisbol cubano bajó muchísimo. Nos resulta difícil identificarnos con los clubes. Soy hincha de “Los Industriales” y cada año es un equipo distinto… Aunque aparecen nuevos valores: el pitcher que cerró el partido de las grandes Ligas, es un cubano, Aroldis Chapman que este año hizo 54 de los 55 lanzamientos más veloces. ¡Lanza a 105 millas por hora!

Tiempo Argentino
Noviembre 6 de 2016

La foto es de Diego Paruelo

 

El difícil momento del movimiento obrero

 

La CGT de Córdoba protagonizó el 19 de octubre la primera huelga contra el gobierno de Mauricio Macri, en la provincia donde el presidente logró su mayor caudal de votos y que le resultó clave para ganar el balotage hace un año. Mientras tanto, el triunvirato que dirige la CGT nacional hace malabares para explicar ante las bases los alcances del anunciado bono de 2000 pesos destinado a equiparar la caída salarial producida por la devaluación del peso.

Las dos CTA, en tanto, tuvieron que bajar las expectativas de un paro general por la falta de apoyos en gremios disconformes con la pasividad de las cúpulas sindicales pero que no quieren “sacar los pies del plato”. Los empresarios, a su turno, alertan sobre las dificultades para hacer frente al próximo aguinaldo. Ni qué decir sobre el bono en cuestión, a pesar de estudios privados determinaron que la compensación debería rondar los 12000 pesos.

La central gremial cordobesa fue la regional que más rechazo mostró a los acuerdos que habían establecido los popes de la CGT unificada con el ministerio de Trabajo. El descontento en el interior no es solo por la baja en el poder adquisitivo sino por la pérdida de empleos y las suspensiones recurrentes en territorios donde hace un año la situación no era cómoda pero tampoco era un desastre.

Sucede que la realidad cordobesa tiene sus bemoles. La diferencia de un millón de votos en esa provincia fue el fiel que inclinó definitivamente la balanza en el 2015. Era un territorio que gobiernan las huestes de José Manuel de la Sota, un peronista que no tenía la mejor relación con la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y tejió una alianza con Sergio Massa de cara a ser el reemplazo en el justicialismo a nivel federal.

José Pihén, el líder de la CGT mediterránea, titular del Sindicato de Empleados Provinciales, está vinculado al delasotismo, que lo llevó como legislador en el partido Unión por Córdoba. El momento actual en su territorio es dramático, con cierres y suspensiones en las principales industrias, lo que coloca al gobierno en un atolladero social de consecuencias impredecibles si se tiene en cuenta la historia provincial de ser el inicio de grandes cambios de rumbo en el país.

El planteo de la CGT-Córdoba surge en el mismo momento en que De la Sota se tomó un “impasse” en España y desde allí lanzó dardos contra la gestión de Macri. “El Gobierno nacional no tiene imaginación para reducir la pobreza”, dijo en declaraciones al diario El País, de Madrid. Salió a aclarar luego que con Massa está todo bien y que con el gobernador Juan Schiaretti también. Pero plantó bandera de cada al 2017

Es claro que el voto a Macri en Córdoba fue un voto contra el kirchnerismo que ahora muestra sus fisuras en ese distrito agobiado por las medidas que impulsó la Casa Rosada y que repercuten en un entramado como el cordobés, donde se une un aparato industrial importante con un sector agropecuario de fuste en explotaciones super tecnificadas.

Bancar el proyecto

El presidente Macri, en tanto, volvió a reclamarle al sector empresario un mayor compromiso con su proyecto. Fue en un encuentro del Consejo Interamericano de Comercio y Producción en el que pidió apoyar su pelea contra el populismo y reclamó a los patrones que “se rompan al traste” para “sacar el país adelante”.

Las últimas cifras de empleo no son alentadoras: solo en setiembre hubo 1554 despidos y 3532 suspensiones, según cifras del Centro de Economía Política Argentina (CEPA). El 85 % corresponde a las industrias textil, alimentación, petrolera y automotriz. A lo largo del año esa entidad registró 213 166 despidos y suspensiones, la mayor reducción desde la crisis de 2001, indica.

En este marco, la solución del bono, que en los papeles serviría para calmar las aguas de quienes reclaman la reapertura de las paritarias, se convirtió en un motivo de mayor disputa. El bono no obligatorio y en muchos sectores -ya sea por la crisis de consumo o por argucia empresarial- ya anunciaron que o lo pagarán en cuotas o directamente no lo pagarán.

Los firmantes del acuerdo con el convenio tuvieron que salir a presionar para que las autoridades definan la obligatoriedad y amenazan con medidas de fuerza, algo que a esta altura suena difícil de conciliar.

Es que los gremios más combativos apostaban, luego de la masiva marcha del 29 de abril, a una huelga general acaudillada por la CGT para frenar la ola de despidos. Luego de haber bajado el nivel de la protesta y negociar con el ministro Jorge Triaca, el triunvirato cegetista quedó entrampado en un laberinto que lo deja un tanto descolocado para tomar ahora las armas.

Tanto Héctor Daer como Juan Carlos Schmidt decidieron mostrar los dientes, de todas maneras. “Los empresarios tienen que abrir la billetera y cumplir con lo que se ha pactado», dijo Schmidt. «Nosotros no aceptamos que se pague el bono en cuotas, eso nunca se discutió en la reunión de la Mesa del Diálogo», señaló Daer, tras reconocer que los trabajadores están peor que hace un año.

La interna cegetista

Las dos CTA, en tanto, se resignaron a una marcha para el 4 de noviembre. Las conversaciones para profundizar un paro entre las dos centrales y algunos gremios díscolos de la CGT naufragaron por el rechazo del bancario Sergio Palazzo y del camionero Pablo Moyano. Palazzo había programado un paro de su gremio para el 28 de octubre y de alguna manera no quería quedar pegado a una aventura que lo alejaba demasiado del triunvirato.

El bancario viene intentando gestar una suerte de réplica de lo que durante el menemismo fue el Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA) que comandó Hugo Moyano contra el proyecto neoliberal que aceptaron “los gordos” de entonces. En ese bloque denominado Corriente Sindical Federal confluye la Federación Gráfica Bonaerense, sectores de judiciales, de Televisión, Pilotos de Líneas Aéreas y de educación privada. Reclaman una CGT no complaciente con el gobierno.

El hombre, proveniente de las filas radicales, tiene esxelente sintonía con los peronistas y reclama que el movimiento obrero recupere estrategias propias, de la mano de su propio plan político, y no que marche como furgón de cola de algún partido político o sea el ala trabajadora de un frente partidario. Hoy por hoy reclama gestar un programa con la base de lo que fueron aquellos históricos de Huerta Grande, La Falda, la CGT de los Argentinos, los 26 puntos de Ubaldini, o incluso el propio MTA en los 90

Por eso Palazzo entiende quye ir a una huelga general sin la CGT es una medida «no tiene el peso necesario para torcer la balanza». A Moyano, según se indica, lo “bajó” de la protesta su padre, actual presidente del club Independiente.

Otros sectores ligados a los estamentos tradicionales de la CGT como el taxista Omar VIviani y el rural Gerónimo Venegas –este último ultramacrista en esta etapa- también quedaron relegados de estas decisiones. El Momo Venegas porque para acordar con la CGT unificada el gobierno pasó por alto su “amistad” y ni lo habría consultado. Viviani, que nunca rompió con el kirchnerismo, reclamó en cambio a la dirigencia cegetista “reflexionar a conciencia sobre cuál es el mejor camino a adoptar» en un escenario que deja a la dirigencia “vapuleada de forma constante por la ausencia de rumbo».

La CTA, a su vez, enfrenta una situación complicada. Como gremio fundamentalmente de trabajadores estatales,no tiene a decir verdad demasiado poder de fuego si encara una lucha en soledad, pero esa misma debilidad la obliga a la unidad entre sus máximos exponentes, Hugo Yasky y Pablo Michelli.

Sigue siendo cierto que una huelga sin la CGT, como decía el bancario, es menos efectiva. El caso hasta cuándo será posible para los dirigentes de la calle Azopardo contener la protesta. Por ahora parece que también los trabajadores tendrán que romperse el traste en cada lugar de trabajo si quieren cobrar el bono.

 Noviembre 1 de 2016